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domingo, 16 de diciembre de 2012

LEGO: Piezas preciosas

Ambiente de trabajo en la sede de LEGO en Billund (Dinamarca).

Aterrizan en Billund aviones menudos de morro rojo que parecen payasos, y las edificaciones pintadas de azul al borde de la pista remiten ya, de entrada, a las de LEGO, la empresa en la que trabajan 4.000 personas, de 6.000 que habitan en este lugar de Dinamarca. Un pueblo a una marca pegado: en un minuto se fabrican aquí 42.000 piezas para juguetes de construcción que viajan a 130 países donde son acogidos con entusiasmo. Hasta el cartel de entrada en la carretera remite a viviendas acoplables, la base del sistema LEGO. Una fotógrafa, un fan adolescente, una periodista, cada uno con un interés particular (fotografiar, admirar, ver), pisamos intrigados esta tierra madre del juguete educativo. Una historia de éxito que nació aquí en 1932 de la mano de Ole Kirk Kristiansen, carpintero detallista que hacía muebles y techumbres y por incendios varios hubo de aplicar un plan B a su vida.
Leg godt (juega bien, con calidad) es el significado de las letras mayúsculas de la marca que celebra su 80º aniversario; se vende a lo grande (ocho sets por segundo) y tiene un club de fans de cuatro millones de seguidores inscritos. Fue uno de sus hijos, Godtfred, el que tomó la decisión en 1958 que representaría el cambio de concepto: de la madera al plástico, de la pieza suelta a la encajable, del juguete terminado al personal, inventado por uno mismo; del juguete sin más al “jugar y aprender” que define su filosofía. Bien educativo el invento. ¿Saben cuántas combinaciones son posibles con solo seis bricks(ladrillos) LEGO de ocho puntos de anclaje? “915 millones”, desvela Jan Christensen, director de comunicación. Al adolescente fan se le iluminan los ojos considerablemente.
Todo parece organizado y limpio aquí en Billund. Por una calle vacía cruza un camión de colores chillones, amarillo y rojo. Pone LEGO en grande y la imagen remite a escena de serie inquietante a lo Twin Peaks (que me perdonen). Por las ventanas del coche se ven casas modernas y otras años treinta, gasolineras, supermercados, gente en bicicleta o haciendo footing por senderos jalonados de árboles y pastos… Esto podría ser un LEGO City cualquiera; nosotros mismos, cual minifiguras de la marca (la familia más extensa del mundo, 4.000 millones de ellas fabricadas desde que nacieron a mitad de los setenta) en un panel de construcción… Reina el silencio en el lugar, salvo en el hotel y el parque de atracciones Legoland, abierto desde 1968, que ya nada tienen que ver con LEGO mismo, salvo por un puñado de acciones. Todos los parques (cuatro) fueron vendidos al grupo Merlin Entertainments en 2005, tras más de un lustro de pérdidas (solo en 2004, más de 250 millones de euros). Fue un punto y final y un inicio. “Nos desviamos de nuestros orígenes. Vivíamos con orejeras, confiados en ser los mejores del sector, sin inmutarnos, hasta que el mercado demostró que no era así. Dejaron de comprarnos. Solo la interacción con los fans nos salvó”, dice Poul Schou, vicepresidente, 34 años en la casa.