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lunes, 17 de diciembre de 2012


La sonoridad ligera, transparente y suave, como manda la moda actual para la música barroca, presidió la actuación del Ensemble Matheus. El Coro de cámara del Palau de la Música Catalana, por su parte, con voces frescas y jóvenes, lució asimismo empaste y agilidad. Ambas formaciones, dirigidas por Jean-Christophe Spinosi, se acoplaron modélicamente entre sí, incluso en los numerosos pasajes donde el fugato las pone a prueba: no perdieron la comba en ningún momento de una obra que es muy larga (más de dos horas y media), con la única excepción del Let us break bonds asunder (núm. 41), donde sí que hubo desajustes.

La intencionalidad expresiva estuvo también presente, y se escucharon acentuadas y alegres, por ejemplo, las aclamaciones de Wonderful, Counsellor para “el niño que nos ha nacido”, aclamaciones que otras veces se cantan con auténtica desgana, dejando que lo maravilloso se desvanezca sin pena ni gloria.

Por el contrario, se llegó al famosísimo Aleluya con los músicos quizá algo cansados y, aún cantándose bien, tuvo brusquedades en el crescendo yle faltó ese clima de ascensión imparable que, tanto la partitura como la tradición, le han concedido. Otro número muy conocido, el aria para bajo The trumpet shall sound, tuvo un apoyo de dulce color en la trompeta natural que la acompaña, aunque no gustó tanto la voz, bastante ronca y, en algunos momentos, estrangulada.