La sonoridad ligera, transparente y suave, como manda la moda actual para la música barroca, presidió la actuación del Ensemble Matheus. El Coro de cámara del Palau de la Música Catalana, por su parte, con voces frescas y jóvenes, lució asimismo empaste y agilidad. Ambas formaciones, dirigidas por Jean-Christophe Spinosi, se acoplaron modélicamente entre sí, incluso en los numerosos pasajes donde el fugato las pone a prueba: no perdieron la comba en ningún momento de una obra que es muy larga (más de dos horas y media), con la única excepción del Let us break bonds asunder (núm. 41), donde sí que hubo desajustes.
La intencionalidad expresiva estuvo también presente, y se escucharon acentuadas y alegres, por ejemplo, las aclamaciones de Wonderful, Counsellor para “el niño que nos ha nacido”, aclamaciones que otras veces se cantan con auténtica desgana, dejando que lo maravilloso se desvanezca sin pena ni gloria.
Por el contrario, se llegó al famosísimo Aleluya con los músicos quizá algo cansados y, aún cantándose bien, tuvo brusquedades en el crescendo yle faltó ese clima de ascensión imparable que, tanto la partitura como la tradición, le han concedido. Otro número muy conocido, el aria para bajo The trumpet shall sound, tuvo un apoyo de dulce color en la trompeta natural que la acompaña, aunque no gustó tanto la voz, bastante ronca y, en algunos momentos, estrangulada.
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lunes, 17 de diciembre de 2012
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sábado, 15 de diciembre de 2012
Al Galope
La Novena Sinfonía pudo producir el viernes la impresión de un caballo al galope cuando, pese a la fuerza y la velocidad, mantiene la belleza y armonía en sus movimientos. Riccardo Chailly, al frente de los cuerpos estables del Palau de les Arts –que enarbolaron, antes de empezar, el pequeño manifiesto contra el ERE del recinto-, mostró así la increíble tensión que destila la partitura. Ejecutó con los tempi y las repeticiones prescritas por Beethoven, pero la novedad de su lectura no radicaba en eso: las agrupaciones de perfil historicista suelen hacerlo así.
Lo sorprendente fue el vigor inaudito y continuado que consiguió transmitir, vigor latente en la obra desde el primer compás y que, presente o en acecho -incluso en los momentos más líricos- permanece siempre dispuesto a aparecer.
La Novena Sinfonía, sobre todo en su último movimiento, tiene una estructura que permite bien ese enfoque. Beethoven parece jugar allí a interrumpirse a sí mismo, como Mahler, pero, al contrario que este -constantemente sumido en la duda-, deja sentir con claridad a dónde quiere ir.
Toda esa dialéctica de pregunta-respuesta, de frases interrumpidas que se repetirán más tarde con una nueva presentación, todo ese largo camino hasta el resplandeciente final, se hizo el sábado con una firmeza y un brío inusuales. Orquesta, coro y cuarteto siguieron, entregadísimos, por la tensa ruta que les marcaba el director milanés.
Por eso importaron poco los problemas puntuales de algún solista, la excesiva tendencia hacia elfortissimo de la batuta, la dificultad para plasmar la inmaterialidad que preside el Andante maestoso, o el nerviosismo de algunos músicos en el primer movimiento. Porque, siempre, los intérpretes seguían, fieros y al galope, buscando la hermosa meta del final.
No hubo sólo, sin embargo, energía y emoción. Chailly quiso dar luminosidad al tejido orquestal, de forma que las voces interiores quedaran bien visibles, en medio del fuego cruzado. Se revelaban así planos que muchos directores descuidan y que, sin embargo, son básicos al contrapuntear las líneas principales. Moldeó también, sabiamente, el fraseo de la cuerda. Con todo ello, algo brusco, quizás, y enardecido, Beethoven cobró allí vida una vez más.
Novena Sinfonía de Beethoven
Dirigiendo a la Orquesta y el Coro de la Comunidad Valenciana. Solistas vocales: Rudolf Rosen, Steve Davislim, Julia Bauer y Mª José Montiel. Novena Sinfonía de Beethoven. Palau de les Arts. Valencia, 14 de diciembre de 2012
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jueves, 13 de diciembre de 2012
Misión cumplida
| La cantante italiana Cecilia Bartoli. |
Cantante hija de cantantes —como Plácido Domingo— Cecilia Bartoli sabe, por sus orígenes, que el escenario a veces es agradecido pero siempre es duro y exigente, sabe que el público es un amante apasionado y generoso pero también infiel, caprichoso y olvidadizo. Sabe, asimismo, que desde el escenario se puede mentir y dar gato por liebre, pero no por mucho tiempo y menos en música clásica.
Con todo este saber acumulado, una voz excepcional, una gran ambición y miles de horas de trabajo, Bartoli es hoy una de las grandes estrategas del escenario: sabe perfectamente lo que conviene lanzar al mercado en cada momento, el ritmo con el que hay que presentar las novedades, donde y como hay que hacerlo y como crear y alimentar las expectativas.
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martes, 11 de diciembre de 2012
El Museo de la Música se afina
| Frederic Mompou, fotografiado por su hermano Josep, junto a la Sagrada Familia. |
Nombrado en septiembre, Jaume Ayats, no fue presentado como nuevo director del Museo de la Música de Barcelona hasta ayer, coincidiendo con la presentación de la nueva exposición temporal que tiene como protagonistas a Frederic Mompou y Antoni Gaudí. Una muestra que ha de impulsar el centro para que deje de ser “invisible”. Un gran reto para Ayats, acostumbrado a lidiar con orquestas y escuelas de músicas, que desde ahora tiene que conseguir que el museo instalado en el flamante complejo construido por Rafael Moneo para el Auditori de Barcelona deje de ser solo un lugar donde se exponen instrumentos y, consiga superar las bajas cifras de visitantes (33.000 en 2011). Ayats también ha asumido la dirección del centro Robert Gerhard de la Generalitat, que promociona el patrimonio musical catalán. “El museo tiene que dejar de ser un centro escondido en un rincón de la ciudad”, ha asegurado el nuevo director.
Para conseguir que el museo (situado entre los tres más importantes de Europa, junto a los de Bruselas y París) llegue a más y más diverso público, el centro, con un presupuesto anual de 1,2 millones de euros, ha de ser, una especie de “ágora de debate y un motor de divulgación y de experimentación de la música catalana”, defendió el nuevo director.
Sin entrar a detallar su estrategia, explicó, en presencia de Jaume Ciurana, presidente del Auditori y concejal de cultura barcelonés y Xavier Solà, vicepresidente del centro y número dos del departamento de Mascarell, que el museo se promocionará con mayor presencia en la calle, “en el bus turístico y en todos los circuitos habituales destinados al turismo de Barcelona”, en las escuelas y en Internet, incorporando a la red la colección de instrumentos, y con acciones como visitas a parte de los fondos, como a la colección de guitarras, que pasa por ser una de las mejores del mundo, según el propio Ayats.
Otra de las iniciativas es la organización de exposiciones temporales. Y si en uno de los protagonistas es Gaudí, la presencia está garantiza. EnEl sonido de la luz. Mompou/ Gaudí, un proyecto del músico Adolf Pla y el fotógrafo Marc Llimargas se explican los paralelos entre estos dos artistas, tanto en lo que hace referencia a la concepción de su arte como a las fuentes de inspiración. A través de documentación y objetos inéditos —se exponen más de 80 piezas originales de Mompou nunca exhibidos, desde medallas, discos, partituras y recuerdos personales—, además de su piano que sigue lanzando al aire el tono metálico que tanto gustaba al compositor de la música callada.
Personal, espiritual, miniaturista y autor de breves sintonías —seguramente la más famosa es la de la cadena SER, creada en 1951— Mompou pese a ser, junto a Falla, el compositor que más bibliografía ha generado, no es un compositor muy interpretado.
Los comisarios han resaltado la inspiración natural, la sencillez de elementos y la originalidad de los dos autores de gran espiritualidad. “Mompou sentía que si una obra estaba bien era porque algo superior la había hecho y no nosotros”, aseguró Pla. La exposición termina con una idea sugerente: La Sagrada Familia fue concebida por Gaudí como un enorme instrumento musical, con tres órganos monumentales y un coro multitudinario, además de 12 torres perforadas a modo de tubos de un órgano con siete campanas cada una. Para callar a incrédulos, Pla aseguró que está en marcha una tesis sobre el tema. El clímax llega cuando en una instalación sonora, el visitante puede oír las campanas del templo tocar una de las melodías de Mompou.
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