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jueves, 13 de diciembre de 2012

Roberto Tierz: “Cada cop veig més crispada la gent”

Roberto Tierz creu que avui és molt més difícil programar música
a les sales perquè els gustos de la gent estan molt més barrejats.

Roberto Tierz comanda el Sidecar de la plaça Reial des de la inauguració, el 1983. El seu recinte compleix 30 anys, fet que el converteix en una de les sales de concerts deganes de Barcelona. Amb 54 anys, Tierz és del reduït nombre d’empresaris nocturns que ha vist canviar la ciutat davant dels escenaris.

Pregunta. Ha canviat molt el públic aquestes tres dècades?

Resposta. Avui té més oferta, diversifica els seus gustos i es donen barreges estranyes. Abans, un rocker o un modtenien gustos més previsibles. Però un canvi cabdal és que veig la gent més crispada, veig conductes que no m’agraden, més tensió.

Misión cumplida

La cantante italiana Cecilia Bartoli.

Cantante hija de cantantes —como Plácido Domingo— Cecilia Bartoli sabe, por sus orígenes, que el escenario a veces es agradecido pero siempre es duro y exigente, sabe que el público es un amante apasionado y generoso pero también infiel, caprichoso y olvidadizo. Sabe, asimismo, que desde el escenario se puede mentir y dar gato por liebre, pero no por mucho tiempo y menos en música clásica.
Con todo este saber acumulado, una voz excepcional, una gran ambición y miles de horas de trabajo, Bartoli es hoy una de las grandes estrategas del escenario: sabe perfectamente lo que conviene lanzar al mercado en cada momento, el ritmo con el que hay que presentar las novedades, donde y como hay que hacerlo y como crear y alimentar las expectativas.

martes, 11 de diciembre de 2012

La sala Apolo reabre hoy tras obtener un permiso provisional del Consistorio


La sala Apolo de Barcelona, en el Paral·lel, reabriá hoy sus puertas tras casi tres semanas de cierre, ordenado por el Ayuntamiento de Barcelona. La decisión del Consistorio, motivada por algunos problemas estructurales en el sótano del edificio, también afectaba a un salón recreativo, otro de juegos y tres restaurantes aledaños. El Gobierno local informó ayer en una nota de prensa que entrega el permiso provisional para abrir la sala, pues considera que no hay riesgo para los asistentes, pero insta a los dueños del inmueble a completar las obras en un plazo de seis meses.
Los trabajos de apuntalamiento del recinto subterráneo de la finca, de unos 1.400 metros cuadrados, finalizaron el pasado viernes y fueron revisados por los bomberos, que dieron el visto bueno para la reapertura. La inspección que obligó al cierre, instada por el distrito de Sants-Montjuïc, detectó deficiencias estructurales en los pilares y en la plancha de hormigón armado en el subterráneo de la finca, que colinda con los túneles del metro y el funicular. La causa de la corrosión era la humedad y varias filtraciones de agua y desde un principio se descartó que se tratase de un problema de aluminosis.
Los bomberos dictaminaron que no había “riesgo inminente de colapso” en la estructura pero que no estaban en condiciones de proseguir con su calendario de fiestas y conciertos hasta que no se hicieran los trabajos de “refuerzo provisional de la estructura mediante apuntalamiento”. La medida cautelar, sin embargo, no afectó al edificio de viviendas situado en el mismo número de la calle de Nou de la Rambla.
Ahora el Ayuntamiento da por buenas las obras de apuntalamiento y por ello entrega el permiso provisional para realizar su actividad “en condiciones de seguridad”. Sin embargo, recalca que los dueños de la sala y los locales adyacentes tienen seis meses para realizar las obras definitivas que subsanen las deficiencias estructurales. El Consistorio avisó que, de no hacerse los trabajos en el tiempo determinado, se procederá al precinto de los establecimientos.
Un portavoz de la sala Apolo no especificó cuánto costaron las obras de apuntalamiento y en cuánto se calcula que asciendan las definitivas, pero aclaró que las sesiones de fiesta se retomarán hoy en la noche, con la tradicional fiesta Crappy Tuesdays, de música indie y electro pop. Las puertas se abren a las 23.55.
Por culpa del cierre, la sala tuvo que afrontar varias cancelaciones de eventos, como el concierto de Mala Rodríguez y, según el portavoz, “no habrá nuevas fechas para estos conciertos”. Otros tantos tuvieron que ser trasladados a otros espacios de la ciudad como Sidecar, City Hall o Razzmatazz. Por tanto, el primer concierto que acogerá Apolo, en su sala número dos, será el de la banda Mine!, que presentará este jueves, a las 21.30 horas, su trabajo '100.000 incendis de La fi del món'.

El Museo de la Música se afina

Frederic Mompou, fotografiado
por su hermano Josep, junto a la Sagrada Familia.

Nombrado en septiembre, Jaume Ayats, no fue presentado como nuevo director del Museo de la Música de Barcelona hasta ayer, coincidiendo con la presentación de la nueva exposición temporal que tiene como protagonistas a Frederic Mompou y Antoni Gaudí. Una muestra que ha de impulsar el centro para que deje de ser “invisible”. Un gran reto para Ayats, acostumbrado a lidiar con orquestas y escuelas de músicas, que desde ahora tiene que conseguir que el museo instalado en el flamante complejo construido por Rafael Moneo para el Auditori de Barcelona deje de ser solo un lugar donde se exponen instrumentos y, consiga superar las bajas cifras de visitantes (33.000 en 2011). Ayats también ha asumido la dirección del centro Robert Gerhard de la Generalitat, que promociona el patrimonio musical catalán. “El museo tiene que dejar de ser un centro escondido en un rincón de la ciudad”, ha asegurado el nuevo director.
Para conseguir que el museo (situado entre los tres más importantes de Europa, junto a los de Bruselas y París) llegue a más y más diverso público, el centro, con un presupuesto anual de 1,2 millones de euros, ha de ser, una especie de “ágora de debate y un motor de divulgación y de experimentación de la música catalana”, defendió el nuevo director.
Sin entrar a detallar su estrategia, explicó, en presencia de Jaume Ciurana, presidente del Auditori y concejal de cultura barcelonés y Xavier Solà, vicepresidente del centro y número dos del departamento de Mascarell, que el museo se promocionará con mayor presencia en la calle, “en el bus turístico y en todos los circuitos habituales destinados al turismo de Barcelona”, en las escuelas y en Internet, incorporando a la red la colección de instrumentos, y con acciones como visitas a parte de los fondos, como a la colección de guitarras, que pasa por ser una de las mejores del mundo, según el propio Ayats.
Otra de las iniciativas es la organización de exposiciones temporales. Y si en uno de los protagonistas es Gaudí, la presencia está garantiza. EnEl sonido de la luz. Mompou/ Gaudí, un proyecto del músico Adolf Pla y el fotógrafo Marc Llimargas se explican los paralelos entre estos dos artistas, tanto en lo que hace referencia a la concepción de su arte como a las fuentes de inspiración. A través de documentación y objetos inéditos —se exponen más de 80 piezas originales de Mompou nunca exhibidos, desde medallas, discos, partituras y recuerdos personales—, además de su piano que sigue lanzando al aire el tono metálico que tanto gustaba al compositor de la música callada.
Personal, espiritual, miniaturista y autor de breves sintonías —seguramente la más famosa es la de la cadena SER, creada en 1951— Mompou pese a ser, junto a Falla, el compositor que más bibliografía ha generado, no es un compositor muy interpretado.
Los comisarios han resaltado la inspiración natural, la sencillez de elementos y la originalidad de los dos autores de gran espiritualidad. “Mompou sentía que si una obra estaba bien era porque algo superior la había hecho y no nosotros”, aseguró Pla. La exposición termina con una idea sugerente: La Sagrada Familia fue concebida por Gaudí como un enorme instrumento musical, con tres órganos monumentales y un coro multitudinario, además de 12 torres perforadas a modo de tubos de un órgano con siete campanas cada una. Para callar a incrédulos, Pla aseguró que está en marcha una tesis sobre el tema. El clímax llega cuando en una instalación sonora, el visitante puede oír las campanas del templo tocar una de las melodías de Mompou.

Luís Eduardo Aute: “Estamos gobernados por terroristas financieros”

Luís Eduardo Aute

Tras 46 años de carrera profesional, Luis Eduardo Aute no baja la guardia. Su último trabajo recién editado, El niño que miraba el mar, incluye un cedé con 12 canciones y un DVD con la película de animación El niño y el basilisco realizada totalmente a mano por el propio artista. El próximo viernes, Aute presentará este trabajo en Barcelona, en la sala Arteria Paral.lel.
“Primero se proyecta la película que dura unos 20 minutos y después viene el concierto”, explica. “Como si fueras al cine y proyectaran el cortometraje y después la película. En vez de película, concierto. La película es como una canción más o las canciones son como otras películas más”.
Pregunta. La película y las nuevas canciones están íntimamente ligadas, ¿cómo nació el proyecto?
Respuesta. Salió de casualidad. En el verano antepasado mi hija me hizo una fotografía en el malecón de La Habana mirando al mar. Al verla, recordé otra que me hizo mi padre cuando tenía dos años en el malecón de Manila en 1945. Me quedé sorprendido por la casualidad. De vuelta mis hijos hicieron un montaje con las dos fotos y vi que había un motivo a desarrollar. Lo primero que se me ocurrió fue la película, pero también por accidente. Como en el montaje fotográfico nos veíamos de espaldas, hice un dibujo de los dos de frente y ese dibujo me llevó a hacer más dibujos y de ahí a la animación, pero sin saber adónde iría. Hice un dibujo y después otro,... y a partir de ahí me vino la canción. Seguí dibujando y empezaron a salir las otras.
P. ¿Qué diferencia encuentra entre escribir una canción y hacer una película?
R. Es más complicado hacer canciones porque has de traficar con palabras y las palabras son más puñeteras. Encierran conceptos, has de expresar emociones y reflexiones y ha de tener una estructura. Una canción dura tres minutos y tiene que contar algo. En cambio dibujar es la mejor terapia para cualquier tipo de problema mental, dibujar es una medicina barata, divertida y que cura más.
P. El resultado es más autobiográfico que otras veces.
R. Puede ser porque parte de una foto. Mis canciones no son estrictamente autobiográficas, pero son canciones muy subjetivas relacionadas con mi manera de ver las cosas.
P. Algunos temas del nuevo disco inciden en la actualidad...
R. ¡Qué remedio! Me gustaría hacer canciones menos intensas en ese sentido pero vivimos tiempos en que es muy difícil no ser sensible a todo este horror.
P. ¿El artista debe reflejar esta problemática social en su trabajo?
R. No es que se deba sino que es inevitable, salen así las canciones. Leo el periódico o veo algo y tengo la necesidad de hablar sobre el tema. A veces de repente en vez de reflexionar sobre el momento histórico sale una canción de amor pero muy impregnada de este tiempo que estás viviendo.
P. ¿Cómo lo está viviendo?
R. Como todos, con perplejidad ante esta situación de inseguridad, de vértigo, de amenaza de quedarnos a la intemperie. En este disco profundizo en esa sensación de incertidumbre, de angustia, de no ver alternativas, de no creerte lo que estás viendo y te están contando, de estar ya manifiestamente gobernados por terroristas financieros que son quienes deciden. Desconcierto también porque en las crisis anteriores se podían ver alternativas, ahora más que una crisis es una mutación histórica que está acechando a todo el llamado mundo occidental.
P. En un panorama como este, ¿el basilisco es el que nos puede salvar?
R. Es un animal mitológico al que desde hace mucho le tengo un cierto afecto. Es un bicho perverso, pero me cae simpático. Tal vez por eso de que mata con la mirada y porque llora lágrimas de fuego. Tiene capacidad de llorar aunque luego las lágrimas quemen. Tengo un guión escrito para una peli desde hace muchos años que se llama Las lágrimas del basilisco que nunca se hizo. Aquí el basilisco de alguna forma es el monstruo que todos llevamos dentro y que es consecuencia del paso del tiempo entre otras cosas, uno por pura supervivencia va convirtiéndose en un monstruo. Nos vamos monstruorizando, no existe el verbo, pero...
FUENTE: El País - CULTURA

Antònia Font se salen por la tangente


Puede que fuese uno de los conciertos que mejor expresase el sentido del Primavera Club. Cierto es que el Arteria Paral·lel no es exactamente el perfil de sala de conciertos que inspira el certamen, pero no es menos cierto que las circunstancias vividas por el festival con el cierre temporal de la sala central, Apolo, le ha obligado a adecuarse de la mejor manera posible a las circunstancias y, desde luego, el Arteria se asemeja más a una sala que no el inhóspito y frío Sant Jordi Club. Pues allí, en el Arteria, junto a Sidecar y Monasterio epicentros naturales de un festival de salas, actuó Antònia Font en el concierto que a la postre suponía formalmente la apuesta más arriesgada de los tres días de programación. El riesgo, algo consustancial, al menos en lo teórico, a un festival que vive de plantear alternativas a la complacencia.
Antònia Font habían preestrenado Vostè és aquí en Vic, cuando el disco no se conocía y el lenguaje del directo apropiado a esta colección de 40 canciones apenas se había expresado. Porque en el fondo no es tan rompedor componer 40 canciones breves tal que suspiros, como escenificarlas una tras otra como si en realidad durasen lo que en pop acostumbra ser lo habitual. Se cambian los tiempos y la dinámica, el público se ve obligado a reaccionar 40 veces —¿aplaudimos?, ¿aplaudimos cada tres temas?, ¿esta canción, Aram, ya ha acabado y toca aplaudir o este breve silencio es un simple recurso para resaltarla?— y además ha de reaccionar ante una profusión de estímulos estilísticos —rock, baladas, sonidos añejos de ciencia ficción barata,reggae, medios tiempos, rumba, pop ochentero— que se amontonan uno tras otro sin que la propia cadencia del concierto conceda espacio a la digestión. El espectador es así víctima de una tormenta de arena en la que el impacto de un grano no tiene relevancia pues ya el siguiente y el siguiente y el siguiente alcanzan la piel. De repente, mientras el concierto avanza, aumenta la sensación de que en el fondo no importan tanto las canciones como su acción conjunta. La tormenta por encima del grano.
Ese es uno de los grandes riesgos del concierto planteado por el grupo mallorquín, lograr que un puzzle de 40 piezas no sea entendido como un todo fragmentado sino como un mapa musical homogéneo, un recorrido en metro atendiendo a la propuesta de la portada del disco, en el que se disfruta con el simple hecho de viajar. No importa tanto dónde se vaya como el hecho de moverse por esa colección de rúbricas que sustituyen a relatos completos. Síntesis versus desarrollo. Y eso cuesta, o al menos así se puede desprender de la reacción del público, que pasó en el Arteria de la alegría a la frialdad, de la tibieza al calor, de la apenas disimulada indiferencia a la entrega rubricada tras el final de la última pieza. Antònia Font propone un aprendizaje sin pautas, una lección en la que cada alumno escoge su forma de tomar, o no, unos apuntes que por otra parte nadie da.
Por fortuna, la materia viva del concierto, las canciones, son ciento por ciento Antònia Font. La pluralidad de melodías, arreglos, tiempos e historias son genuinamente suyas, así como ese dominio de la melancolía mezclada con la broma, el homenaje a sus querencias —la verbena, el surrealismo, los juegos de palabras— y ese añadido que muestra la fortaleza de una voluntad ajena a cualquier consideración externa que representa la inclusión, justo ahora, cuando nadie se acuerda de esta forma rancia de celebración nacionalista, de una versión en castellano de un tema de Tots Sants, Leyenda negra, que cuestiona el V Centenario.
Así las cosas, Antònia Font ofreció el concierto más arriesgado en un festival cuyo propio sentido, las salas de conciertos, parece que hoy en día también está en riesgo. Si resulta que vivimos en un país en el que la Administración mete la pata, el caso Madrid Arena, y acto seguido presiona de manera incomprensible para que los demás cumplan una ley que ya cumplían velando con alocado celo para que no sean tan lastimosamente incapaces como ella misma, entenderemos que el surrealismo es la mejor arma para referir algo inexplicable. En un mundo disparatado salirse por la tangente puede resultar cartesiano. Y la tangente es el hábitat natural de Antònia Font.