Roma de noche era bella en esa época del año. Era verano y la gente estaba fuera de las casas tratando de buscar aire fresco. Cornelio caminaba muy alegre, con los niños cogidos de la mano.
—Pasemos por la plaza de los pinos, deben estar los "juglares" haciendo sus pruebas, tocando y cantando. Me gusta verlos y quiero que ustedes los conozcan.
—¿Y quiénes son los "juglares"?
—Son músicos y actores que van por los pueblos divirtiendo a la gente con sus acrobacias, sus historias y su música.
—Será divertido verlos, ojalá estén — dijo Xochi.
Después de caminar algunas cuadras, llegaron a la plaza iluminada con antorchas. Había mucha gente formando un corrillo alrededor de los juglares. En la calle se encontraban dos carretas cubiertas donde viajaban estos artistas ambulantes.
—Está difícil meternos entre tanta gente —dijo el viejo Cornelio.
—Podemos con los ayotl —dijo Xochi.
—Claro que sí. Je, je, je. Este es un buen momento para usarlos. Xochi y Pilli colocaron sus caparazones de tortuga en el piso; Cornelio se paró encima de uno, Xochi encima de otro y Pilli en medio de los dos, con un pie en cada ayotl. Los tres desearon encontrarse en un buen sitio desde donde pudieran ver el espectáculo. No fue sino pensarlo y como por encanto se encontraron sentado en primera fila. Las personas que estaban al lado, no sabían qué había pasado, de dónde habían salido esas tres personas, pero pronto siguieron viendo a los juglares y se olvidaron del asunto.
Dos actores estaban haciendo unas acrobacias dificilísimas al compás de una pandereta que tocaba un tercero. Este número fue muy celebrado y Xochi y Pilli también aplaudieron con entusiasmo.
Las calles de Roma eran amplias y limpias, con muchas casas y edificios públicos. Grandes avenidas, jardines y fuentes, con hermosas esculturas que representaban dioses o animales fantásticos.

En la tierra de los dioses el amanecer es como en la tierra de los hombres. Primero, el cielo se va aclarando con un color rosado, después se vuelve un poco amarillo y finalmente, sale el sol. Se va sintiendo un calorcito delicioso y miles de pájaros comienzan a sentir un cosquilleo en la garganta que los hace soltar cantos hermosísimos. Este monto del amanecer es muy importante para los dioses, nunca dejan de presenciarlo; no desperdician ningún momento en que puedan ver cosas bellas. Si asistiéramos a un amanecer en la tierra de los dioses, veríamos a todos ellos, viejos y jóvenes esperando la salida del sol con los ojos brillantes de emoción.