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domingo, 16 de diciembre de 2012

Brilla la Orquesta Filarmónica de la Secretaría de Educación

Los acordes y las voces de la Orquesta Filarmónica Infantil y Juvenil
de la SEJ hicieron una velada diferente en el Centro tapatío.

La tarde del viernes la Plaza Liberación del Centro tapatío se llenó de talento y música navideña; fue el escenario para dar cabida al concierto ofrecido por los integrantes de la Orquesta Filarmónica Infantil y Juvenil de la Secretaría de Educación Jalisco (SEJ).

Los 400 músicos y cantantes interpretaron por más de hora y media de concierto piezas como ''Noche de paz'', ''Burrito Sabanero'', ''Christmas'' y muchas otras, para poner al público de pie, incluyendo al secretario de Educación Jalisco, Antonio Gloria Morales, quien permaneció en primera fila.    

“Me siento muy contento y entusiasmado, pero sobre todo orgulloso de estos niños que han dado muestra de talento y resultados”, refirió Gloria Morales, además de indicar que este proyecto tiene apenas entre año y medio y dos años de haber arrancado.

Transmitirán a nivel mundial concierto para ''el fin del mundo''

En la Orquesta Sinfónica de Dresden
participarán músicos de México y Guatemala.

El "Concierto para el fin de los tiempos" de la Orquesta Sinfónica de Dresden con músicos de México y Guatemala, que tendrá lugar el próximo día 21, coincidiendo con el final del calendario maya, que es interpretado por algunos como la llegada del apocalipsis, será retransmitido en directo a todo el mundo.

El concierto, que se celebrará en la capital del estado germano oriental alemán de Sajonia, será retransmitido en directo por internet por la emisora cultural de televisión Arte, así como dos cadenas de radio, anunciaron hoy desde la Orquesta Sinfónica de Dresden.

Añadieron que en pocos minutos se agotaron tras su puesta a la venta las 200 entradas exclusivas para ver en directo el concierto en el salón de actos de la Biblioteca Estatal de Sajonia, donde se guarda uno de los tres manuscritos mayas que contienen el famoso y controvertido calendario, el llamado "Codex Dresdensis".

Cuando Nueva York se hizo barato

Temporada de ópera de 2012-2013 en vivo desde el MET
de Nueva York, expuesta en HD el Teatro Diana.

Para Alicia Medrano, viajar a Nueva York es un sueño que de momento es inalcanzable. Dice que por más que ha buscado no ha conseguido un vuelo de menos de 500 dólares. Pero ha encontrado una alternativa que la haga vivir, aunque sea en el engaño: sentada en la fila I del Teatro Diana mira la opera Aída, desde el Metropolitan Opera de Nueva York, en una pantalla gigante que le dará cuatro horas de ilusión y fantasía: "Por más que quiera ir, no voy a encontrar nada más barato. Y mira, es bellísimo".

Esta es la historia de cómo se vive una opera de primer mundo en un país en transición.

La llegada:

A las 10:30 de la mañana la plazoleta de entrada en el Teatro Diana aun luce desolada. Aunque hay una plática introductoria para hablar de opera, sobre su historia y del valor que tendrá la exhibición de un clásico como es Aída (Verdí) en Nueva York, la verdad es que son pocos los que prestan atención.

Conforme pasan los minutos uno se da cuenta de que hay pocos jóvenes, más adultos, pero los que sobresalen son las personas de edad avanzada.

Madrid era Leipzig


Todo empezó en 2004. Oscar Gershensohn con La Capilla Real de Madrid y Alberto Martínez Molina con Hippocampus unieron sus fuerzas para desarrollar en iglesias y recintos históricos de la capital un ciclo con la integral de las cantatas y otras obras de música religiosa de Bach. Este fin de semana culmina la extraordinaria experiencia- 150 conciertos, casi 70.000 espectadores- con la primera de las cantatas de Navidad, la BWV 248, la BWV 143 y la popular BWV 147. De esta última se invitó al público, que abarrotaba ayer la parroquia del Perpetuo Socorro, de la calle de Manuel Silvela, a cantar como propina el coralJesus bleibet meine Freude, de la BWV 147 -se repartieron partituras- en una atmósfera de alta tensión emocional, que propició las lágrimas tanto del público como de excelentes instrumentistas como Ruth Verona, violonchelo, o de Elena Borderias, viola, o el nudo de en la garganta de la extraordinaria violinista Kerstin Linder-Dewan. El público respondió al reto y Madrid, por unos momentos, parecía Leipzig. Era Leipzig.
El concierto transmitió una irresistible vitalidad desde el comienzo, como si las primeras palabras del coro de la cantata BWV 248. “Regocijáos, alegraos”- fueran una contraseña. Gershensohn impuso un ritmo frenético, demostrando una gran complicidad con sus músicos y cantantes. Todos sonreían. Bach resultaba cercano, incluso familiar. Los puristas seguro que sacan más de un defecto. En esta ocasión era secundario, pues lo que más importaba era el espíritu de fiesta, de aventura artística compartida. Marta Infante e Inma Férez brillaron particularmente entre los solistas vocales. Y Alberto Martínez desde el órgano, y…Pero lo que realmente contaba era el lado solidario, colectivo. Esta tarde se pone, en la misma iglesia a las 16 horas, el punto final de esta iniciativa ejemplar, que ha contado con 21 grupos y con solistas invitados de la talla de Gustav Leonhardt y Christophe Coin. Por valentía y por tenacidad este proyecto ha sido de los de quitarse el sombrero.

sábado, 15 de diciembre de 2012

Una directora para la Sinfónica de Qatar


La Orquesta Filarmónica de Qatar es una orquesta visionaria. O al menos eso es lo que puede deducirse de la última jugada de sus directivos, quienes han elegido a una mujer, la joven violonchelista coreana Han-Na Chang, de 29 años, para liderar la formación del emirato árabe.

"Compartimos la misma pasión" ha declarado la joven directora. "Somos un grupo de gente con mucha energía. En junio toqué por primera vez con la Filarmónica de Qatar, y enseguida me di cuenta de que eran músicos muy versátiles, muy rápidos a la hora de adaptarse. Se trata de una orquesta tremendamente variada -está integrada por gente de hasta treinta nacionalidades diferentes- pero todos tienen el mismo calibre."

Chang ha comentado, a raíz de su reciente nombramiento, que la posición todavía periférica que ocupa su orquesta en el mundo musical podria resultar una ventaja creativa.

"Una de las cosas que hacen que hacen que esta orquesta resulte realmente especial e interesante es el hecho de que no está compuesta solamente por unos magníficos intérpretes muy versados en el repertorio clásico occidental, sino que además están acostumbrados a tocar obras de gran cantidad de compositores árabes," ha comentado. "Todos ellos forman una parte muy importante de las enraizadas tradiciones del mundo árabe."

Tomar las riendas de un grupo de intérpretes aún no plenamente constituido podría resultar de entrada todo un reto, pero Chang está acostumbrada a superar este tipo de hitos desde que era muy joven. Tras haberse formado en su infancia entre Corea del Sur y la Juilliard School of Music de Nueva York, la violonchelista y directora no tardó en dejar boaquiabiertos a los especialistas musicales al hacerser con el premio Rostropovich al mejor chelista a la edad de 11 años.

Desde entonces, Chang ha tocado como solista junto a las mejores orquestas del mundo y desarrollado en paralelo una sólida reputación como directora y organizadora de un festival de cuño propio, el Absolute Classic Festival de Corea. Por si fuera poco, durante este período también ha sacado tiempo para licenciarse en Filosofía por la Universidad de Harvard. Pero lejos de la imagen académica y distante que podríamos suponerle a un músico con esta bagaje, Chang no deja de insitir, de manera muy cálida y cercana, en que la profesión de intérprete de música clásica está al alcance de cualquiera.

"Las orquestas desempeñan un papel realmente importante en la cultura. ¿Cuántas veces podemos llegar a emocionar verdaderamente a la gente? A través de la música podemos aprender y expermintar muchas cosas sin invertir demasiado tiempo: media hora de Beethoven o noventa minutos de Bruckner o Mahler son suficientes. Es uno de esos placeres infrecuentes que de verdad libera la mente. Creo honestamente que la gente es creativa por naturaleza y que escuchar música les permite serlo aún más, ya que les conduce a su propio interior."

El hecho de aceptar este nombramiento en Doha implicará necesariamente una menor presencia de la músico como solita, pero ella misma ha reconocido que la dirección es para ella algo prioritario.

"Es un gran honor y una inmensa felicidad [en referencia al nombramiento]. La vida del solista es muy solitaria, ya que tienes que hacerte enteramente responsable de tí mismo. Como directora, no obstante, asumes la responsabilidad de un sonido colectivo. Ni siquiera has de enfrentarte al público, tal sólo a la orquesta. Y aunque te entregues completamente a tus músicos, la orquesta responde con tanta rapidez y entusiasmo que en realidad el esfuerzo invertido se vuelve más bien un intercambio de energías."

viernes, 14 de diciembre de 2012

Notas de unas fiestas

Intérpretes de gospel que intervendrán en el teatro Fernán Gómez.

El sonido natural de la Navidad no tiene por qué llevar incorporado el tintineo de la pandereta o la fricción sorda de la zambomba. Madrid se convierte estos días en una gran fiesta navideña con el sonido del barroco, la suntuosidad de los oratorios de autores como Berlioz o la música de cine.

Un festival condensado. El Festival Vía Magna arranca esta noche con 22 conciertos repartidos por salas e iglesias de toda la ciudad. Hasta el día 28 de diciembre los acordes de los Himnos de Coronación de Haendel y los villancicos se mezclarán con los espirituales negros del Black Light Gospel Choir o las canciones de Carlos Chaouen. Todo en clave navideña, y con un tercio de los conciertos gratuitos y otros cuyas entradas no sobrepasan los 10 euros. Para ver las fechas y horarios de los conciertos, consulte la página del festival (http://www.festivalviamagna.com).

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Charles Rosen, un músico polígrafo que aupó a los grandes

El pianista Charles Rosen fotografiado en 2001 en Londres

El destino ha querido llevarse a Charles Rosen el pasado domingo a poco más de un mes de la muerte de su íntimo amigo Elliott Carter, fallecido el 5 de noviembre a punto de cumplir 104 años. Ambos estuvieron en activo hasta su último suspiro y ahora han dejado su trepidante Nueva York natal sumido en un silencio difícil de llenar. Rosen, un pianista de mérito, estrenó varias obras del compositor, como su Concierto para piano y clave, y fue un cronista fiel y alborozado de los portentos obrados por Carter en sus tres últimas y prodigiosas décadas de vida. Vivían en extremos opuestos de Manhattan, pero paseaban y hablaban por teléfono casi a diario. Ahora se nos han ido juntos, casi de la mano.
Rosen, nacido en 1927, era un hombre de fuertes fidelidades. Otro de los grandes referentes de su vida fue Moriz Rosenthal, un discípulo de Franz Liszt que le enseñó siendo un niño muchas más cosas que tocar el piano. Hablaba de él con devoción y le atribuía todos sus posibles méritos como instrumentista. A pesar de su notable discografía, y de los centenares de recitales ofrecidos durante toda su vida, Rosen nos dio lo mejor de sí mismo no tanto interpretando música como escribiendo e iluminándonos sobre ella. Se convirtió en una celebridad internacional en 1971 con su libro The classical style, un dechado de bien articuladas intuiciones sobre cómo se había fraguado y adquirido su fisonomía el clasicismo musical, que cosechó justos y numerosos premios. Rosen tenía toda la música —sin lindes temporales— en su cabeza, podía establecer interrelaciones, paralelismos o contrastes entre las obras más disímiles a la velocidad del rayo, y los ejemplos se le amontonaban en sus dedos sobre el teclado sin necesidad de partituras. Su mente prodigiosa lo tenía todo procesado, desde un sencillo acorde hasta la fuga más intrincada o la más compleja estructura formal.
The romantic generation, una versión muy ampliada de susConferencias Norton en Harvard, fue su otro gran libro y arrojó una luz insólita sobre los orígenes del romanticismo musical. Antes había escrito, junto con el historiador del arte Henri Zerner, otro de sus fieles,Romanticism and realism, más decantado hacia las artes plásticas, que fueron siempre uno de sus grandes intereses junto con, sobre todo, la literatura, y muy especialmente la francesa (era feliz varios meses al año en su apartamento de París). De todo ello ha escrito, también virtualmente hasta su muerte, durante más de cuatro décadas en The New York review of books: su último artículo, de este mismo mes, trata del oscuro dramaturgo inglés del siglo XVII William Congreve. Su afán de conocer y explorar no conocía restricciones de ningún tipo y poseía el raro don de saber escribir sobre todo y para todos. Critical entertainments y, muy recientemente, Freedom and the arts, reúnen muchos de sus mejores artículos críticos y revelan a las claras que poseía lo que su coetáneo Pierre Boulez, en el libro-homenaje publicado en 2008 con motivo del octogésimo cumpleaños de Rosen (Variations on the Canon), calificó de “une culture vraiment intimidante”.
Sus dos últimos libros publicados en España, El piano: notas y vivencias y Música y sentimiento, son dos miniaturas —personal una, intimista la otra— en comparación con sus estudios más ambiciosos, pero suponen también una lectura obligatoria para completar la imagen de este moderno polígrafo que fue, en privado, un conversador fogoso, a ratos casi desaforado, con un anecdotario vital que parecía no tener fin. Ahora viene al caso recordar, a modo de contrapunto jocoso, la que me contó un día de, quién si no, Elliott Carter, que lo llamó un día alborozado para decirle que había logrado renovar sin mayores problemas su carné de conducir a sus 93 años. Rosen lo felicitó por la proeza, tras lo cual Carter sentenció: “Now I can drive right into the grave” (“ya puedo conducir directo hasta la tumba”). Es imposible olvidar sus carcajadas mientras lo contaba, como cuesta no recordar ahora, al final de este año sordo y cruel que nos ha arrebatado también a Leonhardt, a Henze y a Carter, aquello que afirmó Rosen en una entrevista publicada por este periódico en 1999: “Se ha perdido la costumbre de escuchar música con intensidad”. Rodeados de ruido, y de furia, es algo cada vez más difícil de conseguir, pero él logró hacerlo sin cesar durante una vida plena y nos enseñó todos los secretos para poder seguir su estela.

martes, 11 de diciembre de 2012

Lang Lang un ídolo para muchos jóvenes aprendices de piano

Esta mañana hemos sido testigos de una clase magistral del joven pianista chino Lang Lang, que ha compartido sus dotes con 60 alumnos de conservatorios públicos de Madrid. Cuatro de estos jóvenes han tenido, además, la oportunidad de tocar una pieza ante uno de los mejores pianistas del mundo. Comprometido con la educación en valores sociales e individuales, Lang Lang pretende inspirar a los más jóvenes a través de la música clásica.

Ante el Centenario de Benjamin Britten

El 22 de noviembre de 2013 se conmemorará el centenario del nacimiento de Benjamin Britten. El amplio programa de celebraciones en torno a la efeméride se desarrollará a lo largo de dos temporadas completas, de septiembre de 2012 a agosto de 2014. El músico inglés, autor de un centenar de obras de todos los géneros, recibirá uno de los mayores homenajes jamás tributados a un compositor, no solo por número de eventos sino también por la coordinación y organización de los mismos a nivel nacional británico e internacional. Se trata, sin duda, de la tercera gran cita musical de próximo año, al lado de los bicentenarios de Wagner y Verdi. Coordinadores de la misma son la Britten-Pears Foundation y Aldeburgh Music, el centro de producción artística que salvaguardia el legado interpretativo de ambos artistas, con sus tres herramientas principales: el Festival de Aldeburgh, el auditorio de Snape Maltings y el Programa Britten-Pears para jóvenes artistas. Aldeburgh Music ha recibido una subvención de un millón de euros del Arts Council England para liderar y coordinar la agrupación de organizaciones locales y nacionales que producirán el programa de eventos. Esta subvención no cubre el programa propio de Aldeburgh Music –ya iniciado el 22 de noviembre pasado, dia de Santa Cecilia, fecha del 99º aniversario de Britten–, que está recaudando fondos por valor de otros 500.000 euros. En la excelente web http://www.britten100.org, junto a información sobre la vida y obra del compositor, fragmentos de su música y minientrevistas y testimonios de importantes artistas británicos, de Janet Baker y John Adams a Ian Bostridge y Antonio Pappano, se detallan más de 1.300 eventos que tendrán lugar en todo el mundo hasta finales de 2013. 
http://www.brittenpears.org
http://www.aldeburgh.co.uk

Diálogos que arrebatan


Ella es portuguesa, él es brasileño. La pianista María Joao Pires y el violonchelista Antonio Meneses hablan la misma lengua. Dialogan sin palabras, con afectividad desde la música. Entre ellos se produce algo así como lo que el cineasta portugués Manoel de Oliveira llama en una de sus películas “amor de perdiçao”. Es un amor que arrebata y contagia a la audiencia. El concierto fue de una hermosura íntima. En la Sonata Arpeggione, de Schubert; en la Opus 38, de Brahms; en la Romanza sin palabras, de Mendelssohn; en una musicalmente deliciosa Pastoral, de Bach, que regalaron como primera propina.

17 Ciclo de Grandes Intérpretes

Maria Joao Pires y Antonio Meneses. Obras de Schubert, Mendelssohn y Brahms. Fundación Scherzo-El País. Auditorio Nacional, 10 de diciembre.
Los grandes intérpretes sienten de cuando en cuando la necesidad de tocar juntos. Si entre ellos existe la complicidad que ayer demostraron Pires y Meneses, sucede lo que sucedió: una velada en el más puro espíritu de la música de cámara. Una demostración de música sosegada, de conversación artística más allá de lo evidente. Pires, en solitario, abordó con sensibilidad los Tres Intermezzi, opus 117, de Brahms. Sin un ápice de virtuosismo, buscando en todo momento las esencias más ocultas de la música. Era la misma actitud que desplegaba en los diálogos con el violonchelista.
Meneses se inclinó por el lado más cantabile de su instrumento en el fraseo. Cantaba el violonchelo, acompañaba el piano. Pieza a pieza la sensación de una belleza cercana se imponía. Una atmósfera de familiaridad acabó por llenar la sala. Qué bonito Schubert, qué vital Mendelssohn, qué interiorizado Brahms, qué luminoso Bach. Es curioso. Con su actitud de sencillez compartida, los intérpretes transmitían continuamente una sensación de verdad. No les hacía falta el exhibicionismo. Su planteamiento iba en otra dirección. Y de esa manera fueron conquistando a un público cada vez más entregado. De Pires sacaba a flote su lado más pedagógico y solidario, de Meneses la pasión melódica de su tierra. Fue un concierto de los que arrebatan, de “perdiçao”.

Una reposición inteligente

Escena de 'El juramento', en el teatro de la Zarzuela.

Las reposiciones de espectáculos avalados por el éxito, si se hacen con inteligencia y no se abusa de ellas, son una solución más que digna para complementar las programaciones artísticas en tiempos de crisis. La producción de Emilio Sagi para El juramento, con vestuario del fallecido diseñador Jesús del Pozo, se estrenó en 2000. El tiempo no pasa por ella y la solución escénica-teatral se mantiene con la misma frescura que cuando se mostró por primera vez.
El sentido del humor es paralelo a la fantasía visual. La fluida dirección de actores se desarrolla en un espacio escenográfico sugerente de Gerardo Trotti, con el valor añadido de un vestuario rebosante de imaginación. Es un acierto esta recuperación. Transmite una sensación incuestionable del trabajo bien hecho y es una demostración palpable de optimización de recursos. Hoy entra en su última semana de representaciones. Vale la pena acercarse por el teatro de La Zarzuela.
Necesitan las reposiciones escénicas unas prestaciones musicales en consonancia con sus méritos artísticos. El juramento cumple sobradamente estas exigencias irrenunciables, tanto en el reparto vocal como en la dirección musical de Miguel Ángel Gómez Martínez, ajustada y segura como en él es habitual.
El reparto vocal varía según las funciones. El que a mí me correspondió es magnífico. Incisiva y pizpireta Sabina Puertolas, intencionada y graciosísima María Rey-Joly, elegante y solvente Gabriel Bermúdez, impecable teatralmente Luis Alvarez, y más que solventes en su totalidad Javier Galán, David Menéndez o Alexandre Guerrero. Así da gusto, pues el espectador se despreocupa en gran medida de la realización y se centra fundamentalmente en la obra.
Números tan finamente irónicos como el del coro de la murmuración no pasan desapercibidos para el público, y tanto las diferentes romanzas individuales como las escenas de conjunto se muestran con precisión a la par que con gran naturalidad. La representación funciona como un mecanismo de relojería. El público se divierte y la zarzuela de Gaztambide se revaloriza. ¿Una sonrisa para la crisis? Pues sí, pero no lo digamos muy alto por si acaso.
FUENTE: El País - CULTURA

domingo, 8 de abril de 2012

As Bach demonstrates, the great story is greater still when it’s sung


It is an amazing feeling, knowing that people have been singing their accounts of the Passion of Christ for at least 1,200 years.





On Tuesday night I sat in King’s College, Cambridge, listening to a powerful performance of Bach’s St Matthew Passion. Presented by the Chapel Choir, other Cambridge choristers, the Academy of Ancient Music, a squad of first-rank soloists and conducted by Stephen Cleobury, we were once again confronted with one of the greatest artistic achievements in history.




Why do the Bach Passions still speak to modern man? And why was the death of Jesus – rather than His joyous resurrection – the prime motivation for these masterpieces? St Paul writes, “if Christ be not raised, your faith is vain”. With that in mind, what is it about his death that has so gripped our culture?




I have just received John Butt’s book Bach’s Dialogue with Modernity. Here he examines the Bach Passions in the context of modern man’s fascination with glories past. Such masterpieces provide a firm challenge to the contemporary conceit that the modern world is always improving. The growing popularity of hearing the Bach Passions leading up to the Easter season in our “post-religious” culture is an intriguing and exciting one.




The ritualistic recitation of Christ’s crucifixion probably began in the 4th century, and the singing of the Passion narrative has been going on from the 8th century. Singing has always been central to the Church. St Augustine said that those who sing pray twice. The “song” of the Church, Gregorian chant, can be traced back to the songs of the Temple and synagogue. It is an amazing feeling, knowing that people have been singing the Passion for at least 1,200 years.




It wasn’t until the 15th century that more complex versions of a sung Passion began to emerge, the earliest example of a so-called motet Passion being attributed to Obrecht. Later there were famous examples by Byrd, Lassus and Victoria. After the Reformation, Luther’s friend and collaborator Johann Walther wrote responsorial Passions which became models for the Lutheran church. Within this environment the development of the “oratorio” Passions of the 16th and 17th centuries paved the way for J S Bach.

Before I encountered any of the great Bach Passions, I was aware of the crucifixion narratives. I’d heard them recited every year as part of the Church’s liturgy. On Good Friday we would hear St John’s account. Sometimes there would be a participatory aspect to the recitation, with the words of Christ delivered by the priest while other characters would be read by deacons or lay readers.

I have taken part in chanted Passions since my undergraduate days. Nowadays I am well used to singing the Narrator’s part in an English plainsong setting of the St John every year with a couple of Dominican friars in Glasgow, where my little choir interjects with the angry responses of the chorus. I am always awestruck at the stark, relentless nature of this way of doing it, and at the dramatic impact it has on the assembly as they relive the last hours of Christ’s mortal life.

To be honest, it is the spiritual highlight of my year, and I have real difficulty singing the final section. In the Catholic liturgy, at the words, “It is accomplished; and bowing his head he gave up his spirit”, the congregation fall to their knees and remain there in prayer before hearing the final part of the narrative, where the legs of the two thieves are broken and Jesus is pierced in his side. Joseph of Arimathea and Nicodemus then take the body away and place it in a tomb. Every year I wonder if my voice is going to crack at the final phrase, which, strangely, is the only one which blossoms into a little melisma: “Since it was the Jewish Day of Preparation and the tomb was near at hand, there they laid the body of Jesus.”

It is not just the Bach Passions that are in ongoing dialogue with modernity. The figure of Christ himself, in his death and resurrection, is in constant, uncontrollable interplay with the mind of modern man.

Last week in Cambridge, I was in conversation with academics, theologians and creative artists about the St Luke Passion, which I am now about to set to music. We all found it curious that the great historical settings of the Passion seem to fillet a portion of Christ’s life, separating it from his early ministry and the post-crucifixion story. There were liturgical reasons for this, of course – the resurrection would eventually have its own musical treatment a few days later. But Bach’s greatest music is about the destruction of Our Lord; his resurrection music is not so memorable. (This could perhaps be said about most composers.)

Modern man, now more detached from his liturgical obligations than ever before, may be able, paradoxically, to see the crucifixion in wider contexts. Can a modern composer, in setting the great tragedy of Jesus, include the resurrection, the risen Christ’s early appearance on the road to Emmaus, and even the ascension? If so, why begin the St Luke Passion at Chapter 22 when Satan entered Judas Iscariot?

These are not simple questions. The “greatest story ever told” began with a terrified Jewish girl saying yes to a heavenly manifestation which brought news of her pregnancy. Bach’s music proves that the Passion of Christ has deep beginnings and profound resonance, even for modern man: he opened up a window on the divine love affair with humanity. The greatest calling for an artist, in any age, is to do the same.

James MacMillan is a composer and conductor.

Parsifal - Bavarian Radio Symphony Orchestra/Jansons – review

The Barbican's brutalist ziggurat, one might suppose, bears little resemblance to Monsalvat, Wagner's imagined castle of the Holy Grail which is the setting for Parsifal. It provided a monumental challenge for Valery Gergiev and his Mariinsky Opera of St Petersburg to render this concrete modernity into a place of misty Arthurian legend. That they all but succeeded in Tuesday's concert performance, also given last week in Cardiff and Birmingham, is cause for untrammelled admiration.

Leaps of fantasy are all part of a good night out in the concert hall of course, but Parsifal poses unique sonic difficulties. Wagner wrote it for his own purpose-built opera house in Bayreuth, where it was premiered in 1882. The famous secret of that theatre is the pit: the orchestra is completely hidden beneath the stage, the sound emerging in an all-encompassing entity which supports rather than fights with the singers.

Without that obliging acoustic, the Mariinsky orchestra took time to find the right integrated sound, and the prelude to Act 1 did not bode well, with ensemble uneven and bumpy, the slow chord-changes messy. As the evening progressed, however, the Russian players settled down and proved themselves tireless heroes of this five-and-a-half-hour marathon: strings were precise and disciplined, brass offered a thrilling amalgam of tonal variety, from thundering trombones to glistening, seraphic trumpets. The opening to Act 2, set in the debauched domain of Klingsor (the castrated sorcerer, you may recall), is bolder, faster and less cruelly exposed for the players. Even though the orchestra was not enormous, I'm not sure I have heard this music played louder, which is not necessarily a compliment but it certainly manacles your attention.

The same could not be said for all the singers. Unsatisfactorily, they were placed either side of the stage. If that helped in terms of audibility, it dashed all hope of dramatic sense or focus. Russian pronunciation of German – and yes, we are fine ones to talk – can be particularly hazardous for singers, but was not bad on this occasion. The best singing came from the almighty Larisa Gogolevskaya (Kundry), whose voice seems to break in at least three parts and is often not beautiful but who puts her very soul into each note.

Nikolai Putilin's Klingsor showed comparable force and strength. Yury Vorobiev had an attractive voice as Gurnemanz but, like Avgust Amonovin the title role, seemed text-bound and dull, making the long exchange in Act 3 between the pair well nigh interminable. As Amfortas, Evgeny Nikitin looked restless and even bored until he opened his mouth and sang, with strident conviction, of the agonies and shame of that suspicious wound of his that won't heal.

Gergiev was unhurried in his pacing, but as his recent recording demonstrates, he has a formidable grasp of this work and the longueurs were not of his making: he was cheered wildly at the end. Wagner, hunger, some dull singing and the prospect of a late journey home were as much to blame.

Parsifal culminates in the overwhelming "Good Friday Music". In German-speaking countries the work remains associated with performances on that day, often given in an atmosphere of hallowed, if ecumenically pagan religiosity: sex, disease and death play as large a part as proto-Christianity, Buddhism and Schopenhauer. To err is human but it feels divine, as Mae West might have explained the goings-on in Parsifal. The six flower maidens provided good aural light relief and visual colour in this spooky male-brotherhood world.

Janácek was no more conventional in his religious belief than Wagner. His Glagolitic Mass (1926), set to a suspect version of Old Church Slavonic, was apparently written in a mood of religious ecstasy which could have had something to do with his late-flowering passion for a much younger married woman. The Czech novelist Milan Kundera called it "more an orgy than a mass". That scalding clash of sacred and profane was expressed in a blistering performance by the Bavarian Radio Symphony Orchestra and Chorus under their chief conductor,Mariss Jansons, at the Lucerne Easter festival last weekend.

Moscow-born soprano Tatiana Monogarova as the "maiden-angel" led the soloists in this intense work, with its uncomfortably high-lying tenor and brass writing, which creates an atmosphere of endless nervous pressure and release. Perhaps Kundera was right. Near the end, the solo organist lets rip orgiastically. The superb Latvian virtuoso Iveta Apkalna, who studied at the Guildhall School of Music and Drama in London, brought rare glamour to the organ loft, visible on high in Lucerne's contemporary white auditorium.

This was a star event, one of three concerts by this outstanding Munich-based orchestra who are now among the leading ensembles in the world. Their style is generous, warm and big-hearted, their relationship with Jansons one of mutual adoration. In these programmes of Brahms (Symphonies 2 and 4) and, under the baton of Bernard Haitink, Bruckner's Fourth Symphony, the timpanists and principal horn were notably dazzling. Maria João Pires was the soloist in Mozart's Piano Concerto No 20 in D minor, K466, sensitively accompanied by Haitink and the orchestra. Her account was entirely about Mozart, not a jot about her. Few performers are more wholly at the service of the composer than this marvellous and modest Portuguese veteran player.

Lucerne's Easter festival, increasingly a rival to the recently troubledSalzburg one, attracts only the best: this past week András Schiff conducted Bach's B minor Mass, the King's Consort and the Hilliard Ensemble sang requiems by Mozart, Palestrina and Victoria, and the week opened with an appearance from the near-mythical Claudio Abbado and his Orchestra Mozart, who will be back for Lucerne's summer festival.

The atmosphere is scarcely penitential but there is a distinct mood of artistic fervour among the audience. As the festival director, Michael Haefliger, who founded the event in 1988, has said, these Easter concerts are a way of bringing together all sensibilities: "the orthodox and the heretics, the doubters and the God-fearing". Wagner, who had a decidedly non-God-fearing lakeside ménage in Lucerne when Parsifalwas only a dream on his artistic horizon, could hardly have expressed it better.

Concluirán última ópera del compositor mexicano Daniel Catán

El compositor mexicano Daniel Catán trabajaba en su primera ópera en inglés, ''Meet John Doe''.

Antes de ser sorprendido por la muerte, el 8 de abril de 2011, el compositor mexicano Daniel Catán trabajaba en su primera ópera en inglés, "Meet John Doe", a un año de distancia, la fundación que lleva su nombre busca que esta obra se concluya con el apoyo de diversos compositores.

Así lo informó en un comunicado, el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), quien recordó a Catán (1949-2011) como uno de los compositores mexicanos más propositivos y visionarios del panorama musical internacional.

Detalló que la Fundación Daniel Catán, con sede en Los Ángeles, California, (Estados Unidos), impulsada por Andrea Puente, viuda del autor, tendrá entre sus primeras actividades convocar a diversos compositores para que trabajen en la conclusión de "Meet John Doe", pieza basada en la película homónima de Frank Capra.

Esta filmación, realizada en 1941, relata la historia de un vagabundo que paulatinamente se convierte en un líder de opinión, debido a la voluntad de un periodista y de un importante empresario, cuya ambición es obtener beneficios políticos a costa del mendigo.

La fundación, además, tiene como objetivo la preservación de la obra de Catán, la difusión musical y pretende colaborar con proyectos de educación musical entre los niños.

Daniel Catán Porteny nació el 3 de abril de 1949, realizó sus estudios de filosofía en la Universidad de Sussex, en Inglaterra, y una especialización en música en la Universidad de Princeton, en Estados Unidos.

Entre las diversas óperas que escribió destacan "Encuentro en el caso", con libreto de Carlos Montemayor y "La hija de Rappaccini", de 1991, cuyo guión está inspirado en la obra de teatro del Premio Nobel de Literatura 1990, Octavio Paz, que le da el nombre a la ópera.

Entre la música que Daniel Catán realizó para ballets destaca "Ausencia de flores", y entre sus obras orquestales se encuentra "El árbol de la vida", "El vuelo del águila", "En un doblez del tiempo" y "Mariposa de obsidiana", basada en un poema de Octavio Paz.

Por su aportación a la ópera, le fueron concedidos los premios Plácido Domingo 1998, y Guggenheim Fellowship 2000, por mencionar algunos; y en marzo del año pasado, la compañía Ópera Hispánica lo recordó con el montaje "Siempre Catán", en Estados Unidos.

sábado, 7 de abril de 2012

Bühne frei zum Feiern: Wie das Festspielhaus um Freunde wirbt

Wer eine Karte für das Konzert mit Rolando Villazón am 30. März im ausverkauften Baden-Badener Festspielhaus hatte, für den war der Abend nach der fulminanten Belcanto-Gala noch lange nicht zu Ende. Statt dessen hieß es für das Publikum: Bühne frei zum Feiern.

Von Hannah Glaser

Gastgeber der After-Concert-Party war der Freundeskreis Festspielhaus Baden-Baden, dem Rolando Villazón an diesem Abend auf der Bühne als prominentester Neuzugang beigetreten war. „Wie könnte ich das nicht machen“ sagte er „ich trage Baden-Baden und sein Festspielhaus in meinem Herzen“. Als Überraschung für den mexikanischen Tenor hatte der Freundeskreis die Mariachi-Band „El Dorado“ engagiert, die nach dem Ende des Belcanto-Konzertes auf der umgebauten Bühne spielte, wo es für 2500 Gäste nicht nur beste Stimmung sondern auch Snacks und Getränke frei Haus gab.

Das Baden-Badener Festspielhaus ist Deutschlands größte Opernbühne und dazu die einzige, die komplett privat finanziert wird. Stifter, Förderer, Sponsoren wie die Deutsche Bank, Mercedes-Benz und der Montagetechnik-Konzern Würth, aber auch die Mitglieder des Freundeskreises bringen ein Drittel des jährlichen Budgets auf; allein der Freundeskreis steuerte im vergangenen Geschäftsjahr 600 000 Euro bei. An etlichen Infoständen im Foyer des Festspielhauses informierte man über die Modalitäten und Vorteile. Besonders reizvoll: Mitglieder des Freundeskreises können vier Wochen vor dem Vorverkaufsbeginn bereits Karten buchen und Wunschplätze sichern, außerdem haben sie über ein besonderes Servicetelefon einen extraschnellen Draht, erleben exclusive Künstlerbegegnungen und Klassikseminare.

Wer sich am 30. März spontan zu einer Mitgliedschaft entschloss, bekam sogar zusätzlich eine Freikarte für eine Wunschveranstaltung, 25 Neumitglieder machten sofort davon Gebrauch, damit stieg die Zahl der Neuen seit Jahresbeginn auf 134.

Doch ob Mitglied oder nicht, alle Gäste dieses Abends genossen die ausgelassene Hochstimmung, was nicht nur am bravourösen Belcanto-Konzert lag, das mit Jubelstürmen und Standing Ovations zu Ende ging, sondern auch an der herzlichen, freigiebigen Atmosphäre und dem perfekten Service, die die Feier auf der Bühne zum denkwürdigen Event machten. Als die Mariachi-Band schließlich um Mitternacht die Party verliess, packten einige Musiker des Nuevo Mundo Chamber Orchestras Querflöte, Geige, Cello und Gitarre spontan wieder aus und spielten Fetziges und Melancholisches aus ihrer südamerikanischen Heimat. Zuvor hatte das neu gegründete Orchester mit Cherubinis Konzert-Ouvertüre in G-Dur, Umberto Giordanos Interludio aus „Fedora“ und Rossinis Ouvertüre zur Oper „La Cenerentola“ die Zuhörer des Belcanto-Konzertes begeistert.

Noch weit nach Mitternacht drängten sich drei Dutzend Gäste, das Glas in der Hand und Verzückung im Blick, um Efrain Oscher, Juan González und ihre kongenialen Musikerkollegen, so dass sich auf der schummrigen Bühne des Festspielhauses eine intime, melancholische und musikselige Stimmung ausbreitete wie in einem New Yorker Jazzclub morgens um vier. Ganz so spät war es allerdings nicht, als auf der Bühne plötzlich die großen Deckenscheinwerfer angingen und dem zauberhaften Abend ein Ende machten. Zum Abschied hallte ein vielstimmiges Danke durch das nächtliche Festspielhaus.

INFOS
Freundeskreis: Wer beitreten will zahlt jährlich 520 Euro als Einzelperson, 780 Euro für Paare und 1500 Euro für Unternehmen, der Beitrag ist steuerlich absetzbar. Details unter Tel. 07221-3013-278. Die nächste Gala des Freundeskreises findet übrigens am 24. Februar 2013 statt, wenn im Festspielhaus das Wagner-Jahr mit Christian Thielemann und der Sächsischen Staatskapelle Dresden gefeiert wird.

Nächste Stationen der Belcanto-Konzerte mit Rolando Villazón und dem Nuevo Mundo Chamber Orchestra sind München, Wien und Prag. Für die Lieder Bellinis, Donizettis, Verdis und Rossinis wurden statt der Klavierbegleitung eigens neue Orchesterarrangements geschaffen, Dirigent ist Guerrasim Voronkov.

Im Festspielhaus Baden-Baden wird Villazón zu Pfingsten 2012 seine erste Opernregie in Deutschland vorstellen, den „Liebestrank“ von Donizetti, in dem er auch selbst die Hauptrolle singt. Am 11. und 14. Juli 2012 kehrt er als Ferrando mit seinem zweiten Baden-Badener Mozart-Debüt in „Cosi fan tutte“ zurück. www.festspielhaus.de

Berne: Chiara Skerath, géniale Despina

La Scène, Opéra:



Berne. Stadttheater. 3-III-2012. Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791) : Così fan Tutte, opéra bouffe en deux actes sur un livret de Lorenzo da Ponte. Mise en scène : Daniel Karasek ; Décors : Lars Peter. Costumes : Claudia Spielmann. Lumières : Jacques Battocletti. Avec : Agnieszka Slawinska, Fiordiligi ; Claude Eichenberger, Dorabella ; Chiara Skerath, Despina ; Eung Kwang Lee, Guglielmo ; Andries Cloete, Ferrando ;Armand Arapian, Don Alfonso. Chœur du StadttheaterBern (direction : Zsolt Czetner), Berner Symphonieorchester, direction : Judith Kubitz.

 

Alors que le public prend place, devant le rideau encore fermé, une femme de ménage passe l’aspirateur sur le devant de la scène. Son travail ne sera interrompu que lorsqu’un membre de la fosse d’orchestre lui demandera de cesser ce bruit incongru. Malgré son incompréhension devant cette intervention qui ne dit faire que ce qu’on lui a ordonné, elle quitte en maugréant le devant de la scène. Lorsque le rideau s’ouvre, sur l’image d’un plafond d’une hypothétique Chapelle Sixtine représentant l’histoire d’Adam et Eve, la jeune femme de ménage est assise sur son aspirateur tout étonnée d’être sous les feux des projecteurs devant une salle pleine de public. Elle est bientôt chassée de la scène par le Don Alfonso qui doit ouvrir le spectacle. La scène est jouée avec tant de naturel qu’on s’étonne de revoir cette même femme de ménage sur la scène, quelques minutes plus tard, dans le rôle de Despina.

Cette entrée en matière insolite puis le régal théâtral, cette soirée le doit d’une part, à l’excellence de la mise en scène de la mise en scène de Daniel Karasek et d’autre part, au jeu formidablement pétillant de la jeune Chiara Skerath(Despina). Bien sûr, le rôle de la servante dans Cosi fan Tutte est du pain béni pour toute chanteuse douée de sens du théâtre. Mais, avec la prestation scénique de Chiara Skerath, on sublime le rôle. Déjà remarquée dans Les Joyeuses Commères de Windsor d’Otto Nicolaï en janvier de l’an dernier, elle récidive ici avec un enchantement de tous les instants. Quelle drôlerie ! Quel sens du comique de situation ! Quel entrain ! Le geste toujours juste, la voir « boire un coup » en aparté sur le côté de la scène force l’hilarité. L’entendre s’esclaffer de rire (son rire ?) avec une franchise sonore est communicatif à tout le public.

Mais Chiara Skerath n’est pas que théâtre. Elle chante admirablement. Dominant l’agilité mozartienne sans apparente difficulté, la voix claire, agile à souhait, la très jeune soprano suisse (elle n’a que 24 ans !) s’affirme comme une prodigieuse interprète. Dans la personnification des autres personnages de cette farce, elle se paie le luxe de transformer sa jolie voix en deux autres voix éraillées. L’une d’un burlesque renversant, pour la scène du médecin appelé au chevet de Guglielmo et de Ferrando, l’autre pour celle toute aussi cocasse du notaire scellant le mariage des couples « recomposés ». Et tout cela sans jamais trahir l’esprit ni la lettre de Mozart. Aujourd’hui, le mot « génial » est galvaudé, mis à toutes les sauces télévisuelles, mais dans la variété d’interprétation tant vocale que théâtrale de ce rôle, peut-être n’est-il pas totalement exagéré de dire qu’il y a du génie chez Chiara Skerath.

Toute cette verve théâtrale n’aurait certainement pas aussi excitante sans la direction d’acteurs du metteur en scène Daniel Karasek qui a magnifiquement su utiliser les capacités de chaque protagonistes. Tous sont parfaitement en phase avec l’intrigue. Même les immobilités du chœur (musicalement très bien préparé) sont superbement bien réglées. Et quelle intelligence de lecture de l’œuvre mozartienne et quel soin du détail ! Ainsi, lorsque le chœur apparaît pour appeler Guglielmo et Ferrando à l’appel de la guerre, leur présence aurait été incongrue si Don Alfonso ne se chargeait de les payer discrètement pour leur participation à la farce.

Mettre en scène six personnages sur un plateau circulaire, avec pour seuls meubles une petite quinzaine de chaises (elles sont quatorze !) de toutes espèces peut vite devenir ennuyeux si le réglage des scènes n’est pas parfaitement contrôlé. Grâce à ce climat favorable et à la présence catalysante de Chiara Skerath, tous se fondent dans l’intrigue avec entrain.

Excellent acteur, Andries Cloete (Ferrando) chante son Mozart avec sensibilité. Très apprécié son Un aura amorosa excuse largement une très légère et passagère baisse de forme vocale en fin du dernier acte. La voix bien campée, le baryton Eung Kwang Lee (Guglielmo) (en seconde distribution) confirme son aisance vocale dans un vibrant Tradito, schernito au second acte. De son côté, le baryton Armand Arapian (Don Alfonso) déçoit. La voix usée, souvent détimbrée, il tend à chanter trop fort accentuant encore la fatigue de son instrument.

Du côté féminin, la distribution bernoise réserve une très agréable surprise avec la prestation de la soprano polonaise Agnieszka Slawinska (Fiordiligi). La jeune soprano n’est pas une inconnue de nos lignes puisqu’elle a été entre autre une brillante Musetta de la Bohème à Strasbourg en octobre 2011 et comme une belle Pamina de Die Zauberflöte à Luxembourg en janvier 2011. Capable des plus éthérés pianissimo comme de forte les plus impressionnants, elle se sent à l’aise dans le chant mozartien. Avec son personnage entier, bien campé, elle convainc pleinement dans son rôle quand bien même sa jeune technique vocale l’empêche encore de maîtriser son legato dans les notes de passage. A ses côtés, si le chant parfois heurté de Claude Eichenberger (Dorabella) nuit un peu à la compréhension de son texte, elle compose un intéressant personnage dont l’ambiguïté partagée entre un calvinisme pur et dur l’oppose à une attirance pour la bagatelle.

Une réussite totale qui, outre la mise en scène, le doit aussi à la direction attentive et sensible de la cheffe d’orchestre allemande Judith Kubitz. Dans la fosse, le Berner Symphonieorchester manque encore de sensibilité entre les pupitres (Dieu ! que ces cuivres sont souvent trop bruyants et peu précis) mais ses efforts pour que Mozart sorte vainqueur de cette soirée ont été néanmoins couronnés de succès. Un succès confirmé par les applaudissements nourris d’un public visiblement heureux de leur soirée.

Crédit photographique : Robin Adams (Guglielmo), Armand Arapian (Don Alfonso), Andries Cloete (Ferrando) ; Robin Adams(Guglielmo), Armand Arapian (Don Alfonso), Claude Eichenberger (Dorabella), Agnieszka Slawinska (Fiordiligi), Andries Cloete (Ferrando), Chiara Skerath (Despina) © Philipp Zinniker.

Yan Huichang, Directeur musical du Hong Kong Chinese Orchestra

Si la Chine dispose désormais de solides ambassadeurs de son rayonnement artistique avec en chef de file l’incontournable Lang Lang, elle s’attache désormais à faire connaître son école instrumentale et de direction d’orchestre. Yan Huichang, le directeur musical du Hong Kong Chinese Orchestra depuis 1997, est venu donner des classes de maître aux conservatoires de Bruxelles, Luxembourg et Paris : au programme, la comparaison entre les orchestres chinois et occidentaux, sur le double plan de la direction et de la composition. Une visite qui n’est en réalité qu’un prélude au Prix International de Composition 2013 qui sera remis à Luxembourg l’an prochain, et qui a pour vocation de stimuler la création d’un répertoire avec des instruments occidentaux et chinois. ResMusica a rencontré le chef à Paris à l’issue de sa tournée, pour en savoir plus sur cette offensive de charme en terres francophones.

 

ResMusica : En 2013 vous organisez un prix de composition en coopération avec la Société Luxembourgeoise de Musique Contemporaine. La musique orchestrale chinoise est-elle difficile d’accès pour le public occidental? 
Yan Huichang : Quand nous jouons avec l’orchestre au Royaume-Uni, aux Etats-Unis, en Norvège, en Belgique, le public est enthousiaste. Quand nous avons interprété les différents styles de musique chinoise au Festival de Saint-Denis, à l’occasion de l’année France-Chine, l’assistance était tellement enthousiaste qu’elle continuait à applaudir même après que l’orchestre avait quitté la scène. Il a fallu que je revienne dire que le concert était vraiment fini !

RM : Quels sont ces différents styles de musique chinoise ? 
YH : Il y en a trois. Le premier consiste en l’orchestration de mélodies asiatiques anciennes.

Le deuxième reprend des éléments traditionnels, qui sont intégrés dans une nouvelle composition : l’exemple en est les Melodies of Western Yunnan (Mélodies de l’Ouest du Yunnan – voir vidéo ci-dessous) de Guo Wenjing ou la Silk Road Fantasia Suite (Suite de la Fantaisie de la route de la soie) de Zhao Jiping. Ces deux styles sont très difficiles à diriger car ils exigent beaucoup de connaissance sur les caractéristiques, le langage, l’arrière-plan historique qui varient selon les provinces dont ces éléments sont issus, comme c’est le cas par exemple pour l’Ouverture 1812 de Tchaïkovski. La Silk Road Fantasia Suite est familière pour le public occidental comme peut l’être celle d’Elgar, car le compositeur est connu pour ses musiques de films. Une autre œuvre de Zhao Jiping est le concerto pour violoncelle Zhuang Zhou’s Dream (Le Rêve de Zhuang Zhou), écrit en 2009, qui est de nature philosophique, avec une personne qui rêve de devenir un papillon.

Le troisième style est constitué par des nouvelles compositions qui n’ont pas de lien direct avec la musique chinoise, mais s’inspirent de sa philosophie. Un exemple est Jing‧Qi‧Shen du compositeur Chan Ming-chi, qui a reçu un prix de l’UNESCO en 2001 pour cette œuvre. Composée il y a quinze ans, elle proposait une nouvelle manière de faire jouer les instruments, et elle était considérée comme impossible à exécuter. Aujourd’hui, c’est un classique de la musique chinoise.

Il y a des œuvres comme Autumn Execution de Doming Lam qui se situent entre les deuxième et troisième styles. C’est une composition nouvelle, écrite sur une commande de notre orchestre en 1978. Basée sur un opéra de Beijing, elle raconte l’histoire de l’exécution d’une femme innocente, condamnée par une justice corrompue.

RM : La technique pour diriger un orchestre chinois est-elle spécifique ?
YH : La technique est la même que celle d’un orchestre occidental, mais il faut connaître la technique pour jouer les instruments chinois, ainsi que le contexte culturel.

RM : Quelle a été votre formation et votre parcours ?
YH : J’ai été formé au Conservatoire de Shanghai dont j’ai été diplômé en 1983. J’étais le seul élève à être formé comme chef d’orchestre, c’était en effet une classe où il ne pouvait y avoir qu’un étudiant. J’y ai appris les deux styles de direction chinoise et occidentale, pour l’orchestre et l’opéra, avec les particularités des différences provinces. J’ai ensuite été nommé 8 ans à Beijing à l’Orchestre Chinois National de Chine. De 1992 à 1995, j’ai été le Directeur Musical de Naxos à Singapour, puis j’ai dirigé l’Orchestre Chinois de Taipei à partir de 1995. En 1997, j’ai pris la direction du Hong Kong Chinese Orchestra.

RM : C’était au moment de la rétrocession de Hong Kong ?
YH : Oui, j’ai abrégé mon contrat avec Taipei à la demande du gouvernement. J’ai fait mon premier concert avec l’orchestre le 1erjuin 1997 à Singapour, et le premier concert à Hong Kong était le 1er juillet, pour la cérémonie de la rétrocession.

RM : Vous êtes à la tête de l’orchestre depuis bientôt quinze ans, l’orchestre a-t-il évolué durant cette période ? 
YH : Avant 1997, l’orchestre se consacrait à l’exécution en concert. Depuis, il est devenu un outil de promotion culturelle, où la musique est associée à la danse, et la calligraphie sur scène en cohérence avec la musique. En 1998 on a établi un dialogue entre le thé et la musique de Chine, comme une dégustation de vin.

RM : C’est un projet politique de promotion de la culture chinoise ? 
YH : Ce n’est pas un projet politique, cela fait partie de la culture chinoise. Nous travaillons ensemble avec d’autres formes d’art et nous explorons la beauté de la musique chinoise, pour l’apporter à une plus grande audience et lui faire découvrir l’énergie et la créativité de l’orchestre.

RM : Comment attirez-vous un public plus large ? 
YH : Nous avons organisé des grands concerts qui sont rentrés dans le Livre des Records. En 2001, nous avons fait joué ensemble mille joueurs d’ehru, en 2003 nous avons réuni 3000 personnes qui ont joué des percussions ensemble. Il y avait des enfants, des personnes âgées, d’autres en chaises roulantes, l’objectif principal était de faire expérimenter l’orchestre. Nous avons au programme une œuvre lors de laquelle nous donnons à tout le public une petite percussion en bois pour qu’il joue avec l’orchestre, et qu’il puisse la garder en souvenir. Nous l’avons joué à Carnegie Hall.

RM : Et cela change la perception du public ? 
YH : Je pense, oui. Un jour je suis allé dans une banque et la personne au comptoir m’a reconnu, et elle m’a demandé de signer sur cette petite percussion comme un autographe ! Une autre fois, c’est un policier qui aurait pu me mettre une amende parce que je m’étais arrêté à un mauvais endroit. Il ne l’a pas fait, et il m’a expliqué que c’était parce qu’il me reconnaissait, il avait joué sous ma direction dans un des concerts.

RM : Vous avez dirigé en Belgique au Klara Festival, au Musikverein de Vienne, à Munich, à la Basilique Saint-Denis à Paris, y a-t-il des différences dans l’accueil de la musique chinoise?  
YH : Nous sommes d’abord des ambassadeurs mondiaux de la musique. Au Klara Festival, le Concerto pour violoncelle de Zhao Jiping était joué par une musicienne belge, Marie Hallynck. En Autriche, en Allemagne et au Royaume-Uni, la musique est la musique. A Paris, Debussy – avec La Mer – et Ravel – à l’exception du Boléro -  ont un thème derrière la musique qui est plus proche de la musique chinoise, et qui la rend plus attractive pour le public français.

RM : C’était la première fois que vous donniez une classe de maître à Paris. Quel est l’objectif de ces classes ? 
YH : Quand on remonte dans l’histoire, les pays ont eu des échanges pour catalyser le développement culturel. Nous voyons des orchestres occidentaux qui commandent des œuvres à des musiciens chinois comme Tan Dun, et nous voyons que les compositeurs occidentaux sont plus intéressés par écrire pour des orchestres chinois. Nous cherchons à développer la connaissance des compositeurs, des chefs d’orchestre et du public.
Nous passons nous-mêmes commande à des compositeurs venant des Etats-Unis, du Canada, d’Israël…

RM : Et vous organisez un Prix International de Composition l’an prochain à Luxembourg.
YH : Oui, on souhaite attirer des compositeurs occidentaux. Ce Prix est pour nous très important, c’est une étape dans le développement de la musique chinoise, pour découvrir de nouveaux talents et les développer. Si les compositeurs sont intéressés par la musique chinoise, alors cela participera à la promotion de cette musique.

Moving, Sublime Moments in BSO Brahms Requiem

“Selig sind die Hörer!” (Blessed are those who hear!) Last evening, the venerable maestro, Christoph von Dohnányi led the Boston Symphony Orchestra, the Tanglewood Festival Chorus, soloists Anna Prohaska and Hanno Müller-Brachmann in Brahms’s Ein deutsches Requiem at Symphony Hall. Prohaska’s appearance marks her debut with the BSO, adding to her extensive experience in opera, lieder and oratorio. Müller-Brachmann has been featured as a soloist with several of the world’s most prominent ensembles under conductors of equal renown; he has also studied with a number of prestigious coaches, including one of the leading interpreters of 19th-century German lieder, Dietrich Fischer-Dieskau.

The combined forces offered a sensitive, supple interpretation of the work’s varied textures and temperaments, and the chorus displayed a remarkable unity of concept in their rendition of the Lutheran texts conveying Brahms’s humanistic spiritualism. This high level of unification included an impressive rapport between conductor and chorus, conductor and orchestra, and even the less-frequently-found rapport between chorus and orchestra, all of which was well served by the chorus’s memorization of the work.

The only disappointment of the evening was the soloists. Although both executed their parts skillfully and gracefully (aside from an awkward initial entrance by Prohaska in the fifth movement), neither seemed to engage in the style or substance of Brahms’s work, remaining firmly in their own professional “terra firma.” Müller-Brachmann’s comportment, from his facial expressions to his posture (in addition to his singing style) were closer to what one would expect in of a light-hearted song cycle by Schubert or Schumann, the performance falling far short of the gravity of the baritone soloist’s quasi-theological texts. In the same manner, Prohaska’s performance largely resembled the light-hearted coloratura roles with which she has established her professional career rather than the tender mother figure that Brahms personified in the soprano solo from the fifth movement.

Soloists aside, the ensemble communicated Brahms’s message of “comfort for the living, rather than the beloved departed” (to paraphrase the composer) in a very moving fashion. A small amount of reticence at the opening of the performance completely vanished by the return of the first movement’s opening music, a moment that what was perhaps the most sublime of the entire evening. If the recapitulation of the first movement was the most sublime, then the return of the opening text in the second movement (“Denn alles fleisch es ist wie Grass/Then all flesh is as the grass”) was certainly the most moving. The ensemble offered a very tender rendition of the simply textured fourth movement, and its promise of eternal blessing after death. The sixth movement had its high and low points: the chorus’s staccato articulation at the opening led to a loss of the “horizontal” qualities of the musical and textual line, though the fluidity and intensity of lines that followed created a very effective buildup to the Vivace of the triumphant, “Tod, wo ist dein Sieg?” (Death, where is your victory?) Dohnányi’s choice of tempo in the Vivace was very exhilarating, though it was generally too fast to allow the chorus effectively to articulate of the syntax of the text. All of these issues disappeared, however, in the group’s exuberant rendition of the movement’s closing fugue. The final movement, “Selig sind die Toten, die in dem Herrn sterben” (Blessed are the dead, who die in the Lord), offered a touching close to the group’s stirring performance.

Joel Schwindt is currently pursuing a Ph.D. in musicology at Brandeis University. In addition to performances as a vocalist and conductor, his writings have been published by the Baerenreiter-Verlag publishing house and the Choral Journal.

viernes, 6 de abril de 2012

Gélida perfección

Porto, 24/03/2012. Casa da Música. Ensemble intercontemporain. George Benjamin, director. Franco Donatoni: Tema. Johannes Boris Borowski: Second. Pierre Boulez: Eclat/Multiples. Arnold Schönberg: Suite opus 29. Ocupación: 50%.

Regresar a la Casa da Música de Porto, partiendo desde Galicia, supone una suerte de viaje al futuro de la música, habida cuenta el enquistado conservadurismo estético (cuando no un creciente populismo, entre regresivo y provinciano) que padecemos al norte de un Miño que, en lo musical, parece separar dos realidades a siglos de distancia...

Entre las muy acertadas líneas que articulan la programación anual de la Casa da Música portuense, está el dedicar sus temporadas a distintos países que así desvelan lo mejor de su producción musical; comprendida, por supuesto, como un todo orgánico: desde la Edad Media hasta la más viva actualidad, por medio de encargos y estrenos, al tiempo que colaborando activamente con compositores e intérpretes del país en cuestión para informar al público luso de por dónde van los tiros en la creación del tiempo que viven compositores, músicos y auditores.

2012 está dedicado en Porto, cuando se cumple el séptimo aniversario de su flamante Casa da Música, a Francia. Gracias a la estructuración tripartita de las formaciones residentes en el soberbio auditorio de Rem Koolhaas (Orquestra Barroca, Orquestra Sinfónica do Porto y Remix Ensemble -a los que se une el Coro Casa da Música-), este año se podrán escuchar en la capital musical del noroeste de la Península Ibérica obras que van de la medieval Messe de Notre-Dame, de Machaut, a estrenos de Bruno Mantovani (Châtillon, 1974), pasando por numerosísimas partituras de Lully, Rameau, Couperin, Berlioz, Fauré, Gounod, Offenbach, Saint-Saëns, Debussy, Ravel, Poulenc, Schaeffer, Messiaen, Dutilleux, etc.; toda una programación, un recorrido por los estilos que han afianzado la música francesa, que conforma una atalaya privilegiada, y en la que tan sólo se echan en falta algunas de las voces más independientes de la actualidad, a los Mark Andre, Franck Bedrossian, o Raphaël Cendo, por poner tres ejemplos sustantivos; constatándose cierta vinculación de la programación portuense al entorno más canónico del IRCAM en cuanto a la música contemporánea.

El desarrollo de este ambicioso cartel de conciertos tiene como artistas en asociación a Pierre Boulez y Christophe Rousset; y a Pascal Dusapin como compositor en residencia. A ello se suma la visita de relevantes músicos y agrupaciones francesas, como Pierre-Laurent Aimard, las hermanas Labèque, o el ya histórico Ensemble intercontemporain, que llegaba esta noche a la Casa da Música lastrado por una baja que alteraba sustancialmente la expectación que se había creado en Porto con este evento: la presencia de Pierre Boulez, cuyas afecciones oftalmológicas le han impedido dirigir este concierto (aunque esperamos le sea posible visitar Porto en su cita del 4 de noviembre, con la impactante Répons (1981-84) con todo su complejo entramado acústico y electrónico a cargo del IRCAM). En lugar del compositor-director de Montbrison, tomó el mando de la nave parisina el también compositor-director George Benjamin (Londres, 1960), uno de los más activos colaboradores de los mejores ensembles europeos de música actual.

La dirección de Benjamin presenta no pocas influencias del estilo conciso y austero de Pierre Boulez, cuya impronta gravita sobre tantos directores de música contemporánea. Si a su parquedad y búsqueda de la disección más esencializada de las partituras le sumamos el estilo sonoro y el carácter del Ensemble intercontemporain -que va en esa misma línea-, obtendremos un conjunto de interpretaciones marcadas por la perfección técnica y una cuidadísima exposición tímbrica; aunque un tanto frías, algo que casa con algunas de las composiciones programadas, que de este modo suenan si cabe más gélidas, más asépticas. Ése fue el caso de Tema (1981), del italiano Franco Donatoni (Verona, 1927 - Milán, 2000), obra encargada en su día por el Ensemble intercontemporain, y que bien podría conformar un trasunto musical de nuestro tiempo social y cultural, con sus evoluciones de perfiles difusos y un movimiento periférico de las estructuras sonoras que parecen rehuir los centros fundacionales, el asentamiento de una columna estructural. A lo largo de sus 16 minutos, prolifera una incansable polifonía, especialmente refinada en lo que a desarrollo de motivos a través de cuerdas, maderas y metales se refiere, con unas trompas impactantes, especialmente en sus compases en pianissimo, perfecto ejemplo del dominio absoluto sobre sus instrumentos de los músicos franceses. El énfasis que Donatoni pone en los elementos estructurales en Tema, así como el freno a su eclosión en alguna suerte de clímax que lleve la partitura a fases de mayor arrojo emocional, mantiene la tónica de la obra en una propuesta muy cerebral, algo seca y especulativa. Excelente música para analizar más que para ‘vivir con el estómago’... Algo de esto habría en las dos partituras siguientes.

El joven compositor alemán Johannes Boris Borowski (Hof, 1979) tiene una estrecha relación con el Ensemble intercontemporain, con el que nuevamente se ha citado para el estreno de Second (2008), hace apenas unos días, el 19 de marzo en Friburgo, en el marco de una gira que está dando a conocer en Europa esta obra. Esta breve partitura, de apenas 6 minutos de duración, compuesta para piano, arpa, violín, viola, flauta y tres percusionistas, está cercana en procedimientos de generación sonora al propio Donatoni; en primer lugar, por el hecho de que desarrolla el material de una obra para marimba previa; en segundo lugar, por ese constante enriquecimiento de los temas que van proliferando en el progreso de la misma. Los tres elementos generatrices los conforman una melodía descendente, una frase caracterizada por su personal uso de los intervalos, y una escala ascendente. Un sesudo trabajo estructural de estos materiales, a través de constelaciones sonoras -muy en la estela de cierto Boulez, a quien la partitura está dedicada ‘con gratitud y admiración’-, va exponiendo diversas formas de comprender las relaciones entre las células matrices, en función de las síntesis a las que dan lugar según sus aproximaciones y/o superposiciones. Borowski habla de cierta mirada exterior sobre sus materiales y su desarrollo; una mirada que acaba sufriendo un distanciamiento y una ubicación estilística afectadamente epigonal con respecto al propio Boulez y a cuanto el entorno del IRCAM representa. Borowski es un compositor con dominio técnico, esto es innegable, pero sus planteamientos y estilo compositivo nos conducen a un lugar en exceso común, harto (re)conocido. De ahí que uno eche en falta a los antes citados compositores de la ‘Música saturada’, pues quizás se trate de la corriente contemporánea en el entorno francés que con mayor personalidad y sustancia propia ha emergido en lo que llevamos de siglo XXI, aunando la potencia de nuestro tiempo como ágora de reverberaciones al caldo de cultivo de profundo inconformismo que se cuece en lo social a día de hoy. Por lo escuchado esta noche, Borowski, en una línea mucho más canónica, está un tanto alejado de todo ello, y sus habituales estancias en París se han incardinado en la corriente más ‘oficial’ de la contemporaneidad gala.

La primera parte del concierto se cerró con el gran ausente de esta velada, con un Pierre Boulez (Montbrison, 1925) cuya música sí estaría con nosotros a través de sus intérpretes de referencia, que han dado sobrada cuenta de Eclat/Multiples (1964-70). Es ésta una partitura de carácter netamente estructural, basada en un juego de reflejos musicales que el propio Boulez reconoce debe mucho a la técnica pictórica de Paul Klee, influencia transversal a lo largo de su carrera. Eclat/Multiples es una obra de contrastes, entre un grupo de instrumentos con un rol más próximo al solista, y una serie de acompañantes que actúa como reflejo proliferante en creciente protagonismo estructural y tímbrico, al ejercer estos últimos (con gran preponderancia de las cuerdas) de elemento catalizador de los materiales y células sonoras expuestas en la primera parte de la obra, que en esta lectura portuense ha sido pausada, hasta alcanzar los 31 minutos de duración. La distancia de observación y audición, de ambas como proceso simbiótico, que reclamaba Johannes Borowski para la comprensión de su partitura, es aquí elemento axial en Eclat/Multiples. Quizás no sea la Sala Suggia el lugar de mejor acústica para estas partituras, que suenan si cabe un poco más frías y desangeladas, ahondando en ese carácter de ‘insensibilidad’ que en más de una vez se le ha adjudicado (en ocasiones a modo de auténtico sambenito musical). George Benjamin ha expandido el ensemble de forma que el espacio cobre el enorme protagonismo que requiere en esta obra, buscando sus resonancias y la modulación que las transiciones entre familias instrumentales depara en las metamorfosis tímbricas de los motivos generadores (herencia, cómo no, de una klangfarbenmelodie schönberguiana aquí llevada a nuevas cotas de desarrollo).

A pesar de que algunos de los músicos del Ensemble intercontemporain han dado muestras de personalidad propia en Eclat/Multiples, escapando de la ‘rutina’ del conjunto, como el pianista Hidéki Nagano, el carácter general de la interpretación ha sido un tanto convencional. Claro está que decir esto refiriéndonos al ensemble parisino supone hablar de una inmaculada perfección en su ejecución a nivel técnico, si bien afectada de un notable distanciamiento, de cierta frialdad que, siendo consustancial a la naturaleza anímica y estética de esta música, esta noche ha sonado algo carente de relieves, posiblemente poco matizada desde la dirección. Más música ha extraído Benjamin de la primera sección de la obra, de una Eclat en la que el mencionado piano de Nagano, el arpa de la extraordinaria Frédérique Cambreling, y las percusiones han sonado más logradas, convincentes y firmes, a pesar del estatismo y homogeneidad que caracteriza su sección inicial. Multiples ha estado marcada por la parquedad y la frialdad, especialmente en las cuerdas, con una notable nómina de refuerzos que creo han bajado el nivel medio al que nos tienen acostumbrados los solistas el Ensemble intercontemporain. Algo más de audacia en la exposición de cada voz, en los relieves de este juego de reflexiones, no hubiese venido mal, aunque al diluirse el elemento atomizador de la música se ha ganado en perspectiva de conjunto, en cuerpo estructural, bien conducido por Benjamin, que se ha revelado esta noche como el buen arquitecto musical que es sobre el podio.

También marcada por una paralización de lo emocional ha estado la interpretación de la partitura que protagonizó la segunda parte del concierto, la Suite opus 29 (1925-26) de Arnold Schönberg (Viena, 1874 - Los Angeles, 1951). En ella, George Benjamin destaca su clasicismo y el refinado juego de reinterpretación de las formas que Schönberg, sabio conocedor de la historia y heredero muy capaz de reconstruirla, lleva a cabo, abordando modelos concertantes previos a la luz del dodecafonismo. Así es como el director inglés trató las voces, con una polarización bastante señalada de trío de cuerdas y trío de clarinetes, con un Dimitri Vassilakis al piano que apuntaló armónicamente con solvencia los puentes tonales entre ambas secciones, pero que careció de relieves para dotar de mayor profundidad al conjunto, en el que destacaron Pierre Strauch con su muy futurista violonchelo y Alain Damiens y Alain Billard en los clarinetes. El factor de la espacialización tampoco ayudó, y la agrupación tan próxima de los tríos de clarinetes y cuerdas restó amplitud y sonido al ensemble, un tanto saturado. Tampoco podría decir que haya brillado el elemento rítmico de la obra, mucho más logrado en la versión que del propio Ensemble intercontemporain conocemos en disco compacto, dirigida por Pierre Boulez (Sony SMK 48465). Siempre me ha parecido este parámetro crucial a la hora de optimizar las posibilidades de la obra y dar vigor a los virtuosísticos ejercicios danza y contrapunto que en ella Schönberg despliega. A pesar de lo hasta aquí escrito, lo más puramente técnico resultó impecable, firme y extremadamente riguroso; y si bien en lo expresivo se podría haber obtenido más de una partitura tan repleta de posibles, cierto es que en algunos pasajes, como los cambios de tempo y ambiente de la ‘Ouverture’, o las suspensiones meditativas y misteriosas de la ‘Gigue’, pudimos disfrutar de asomos de verdadera excelencia musical, como no cabía esperar menos por parte de uno de los ensembles europeos que más y mejor ha interpretado a Schönberg desde su fundación, allá por 1976.

Toda una oportunidad, así pues, para escuchar en vivo a una de las agrupaciones musicales más importantes de nuestro tiempo, aunque en el tono general de su interpretación esta noche haya primado cierta contención un tanto rutinaria, más técnica y estructuralista que expresiva, más fría que emocional; quizás, al fin y al cabo, las señas de identidad que caracterizan y ponen en valor el carácter del ensemble parisino.

En abril, los días 27 y 28, el Remix Ensemble abordará, conducido por su titular, Peter Rundel, en el marco del anual ‘Música & Revolução’, nuevas partituras de Boulez, suDomaines (1968-69) y la histórica Le Marteau san maître (1953-55), que serán acompañadas por revolucionarias obras orquestales del propio Boulez, Debussy, Ravel y Wagner en manos de la Orquestra Nacional do Porto dirigida por Emilio Pomàrico. Seguramente, el ensemble portuense no alcanza la perfección técnica de sus colegas galos, pero sin duda darán ese plus de entrega y emoción que caracteriza sus conciertos. Allí esperamos estar, para conocer nuevos capítulos de esta aventura francesa en la Casa da Música; un auditorio que, por lo que me consta, se está viendo afectado por la ola de recortes y progresiva aniquilación de la cultura sostenida por el Estado que asola parte de Europa (especialmente la intervenida oficial o extraoficialmente). En esta difícil coyuntura, los responsables de la institución portuense se han centrado en las músicas que más apoyo requieren y menos publicidad disfrutan por parte del mercado (y de los medios de (in)comunicación de masas); dejando parte de sus citas con el pop, el rock, o el jazz en manos de convenios con promotoras privadas que suelen de por sí encargarse de este tipo de músicas (más rentables comercialmente). No es mala opción, ni mala lección para parte de nuestros gerentes musicales, que a través del populismo creen van a salvar el sentido y la utilidad social de nuestros auditorios, priorizando el aplauso fácil sobre la apuesta artística culta, de progreso y comprometida.

jueves, 5 de abril de 2012

Sugerente inicio

Cuenca, 31/03/2012. Catedral. Marcos Portugal (1762-1830): Missa Grande. Caroline Marçot (1974): Quetzal (Estreno en España). Luanda Siquiera, soprano. Charles Barbier, soprano. Karine Audebert, alto. Hervé Lamy, tenor. Sorin Adrian Dumitrascu, bajo. Frédéric Bourreau, bajo. Choeur l’Échelle. Bruno Procopio y Charles Barbier, dirección. 51 Semana de Música Religiosa. Concierto 1.

Tal vez, la Semana de Música Religiosa de Cuenca sea el festival, nacido en la noche más oscura del franquismo, que mejor ha sabido adaptarse al devenir de los tiempos. La variedad y actualidad de estilos y estéticas ofrecidas, conjuntos, solistas y autores, hace que año tras año renueve su atractivo, y van 51. También en un año tan difícil como el actual, del cual Rajoy acaba de decir que “no va a ser bueno”, a pesar de la asfixia a la que nos tiene sometidos. En su programación se combina sabiduría e imaginación, lo frecuente con lo infrecuente, lo conocido con lo desconocido, el músico consagrado, con el compositor en ciernes, dando lugar a una rejilla sugerente, con visos de hacer disfrutar, en sus dieciseis conciertos, tres liturgias, unas jornadas de introducción al canto gregoriano y una irresistible “visita acústica a la catedral”, a quien tenga la suerte de poder asistir a todas las sesiones.

Entre lo desconocido, la Missa Grande de Marcos António da Fonseca Portugal (Lisboa, 1762-Río de Janeiro, 1830). Compositor luso-brasileño admitido en el Seminário da Patriarcal de Lisboa con nueve años, pupilo de João de Sousa Carvalho en composición, canto y órgano. Su éxito europeo se debió fundamentalmente a la composición de piezas sacras y de numerosas óperas, que como en el caso de nuestro Ramón Carnicer, fueron fagocitadas por la fama de Rossini. Fue director del Teatro do Salitre y del San Carlo, y maestro de capilla de la corte. Con la invasión franco-española, bajo el mando del Mariscal Junot (Godoy había invadido Portugal en 1801 con ayuda de Napoleón), el regente, futuro João VI, trasladó la capital a Río de Janeiro en 1807. Pero no será hasta tres años después, cuando Marcos Portogallo abandonase Lisboa para establecerse al servicio del príncipe Pedro, primer emperador del Brasil. Portogallo es el autor del antecedente del actual himno nacional luso, el Himno Patriótico Vencer o morir inspirado en la parte final de la Cantata La Speranza o sia l’Augurio Felice, compuesta y ofrecida por el autor al príncipe regente por su cumpleaños en 1809. En 1822 compuso otro himno, esta vez, A la Independencia de Brasil.

Como destaca en reiteradas ocasiones António Jorge Marques, en sus notas al programa, laMissa Grande es un ejemplo de puesta en escena del poder real, aquella primera y más primitiva red, ritual sacrificial, de las cuatro que establecía Jacques Attali, en su ya clásico libro Ruidos, ensayo sobre la economía política de la música (Ruedo Ibérico, 1977). Consecuentemente, aunque la versión ofrecida en este primer concierto de la 51 SMR fuese para basso continuo (en este caso el órgano de la Epístola) y canto gregoriano, se adivina en ella la ampulosidad que debió tener en su escritura original para orquesta. Parece ser que la misa fue un encargo, de entre 1782 y 1790, de María I, reina religiosa y caritativa, apodada la Piadosa o la Demente, madre de João VI. Fue compuesta para la fiesta de Santa Bárbara en la capilla real del palacio de Queluz y según avisa Marques, la edición utilizada por L’Echelle es la edición crítica preparada por él mismo [Marcos Portugal, Missa Grande, Lisboa, Coro de Câmara de Lisboa, 2009].

En canto llano se desarrollaron las partes del propio de la misa: ‘Introito’ en la nave del Evangelio por las voces masculinas; ‘Graduale’, en el mismo lugar, por las voces femeninas; ‘Ofertorio’ en la nave de la Epístola por las voces femeninas y ‘Comunio’ cantada tres veces –hombres, mujeres y ambos simultáneamente– desde ambas naves hasta entrar en el altar mayor, dando lugar a una hermosa monodia octavada. Las partes compuestas por Portugal destacan por el uso frecuente de la fuga (todas a cuatro), por los numerosos concertatientre solistas o solistas y coro y por el uso abundante de la coloratura, es una misa muy floreada. También son muy interesantes las modulaciones que el autor introduce en Qui tollis peccata mundi del ‘Gloria’ o Miserere Nobis del ‘Agnus Dei’. El final del ‘Gloria’ es un dúo entre soprano y sopranista, dando lugar a una cadencia un tanto exótica. Olivier Houette al órgano constituyó un bello y expresivo continuo desde el preludio y fuga inicial. Estuvo atento, con un claro sentido del conjunto, aunque con alguna irregularidad en eltempo en los pasajes a solo.

En general las voces sonaron mejor en conjunto que por separado, percibiéndose también diferencias de claridad entre las agudas y las graves, éstas mucho mejor proyectadas –sobre todo los dos bajos– y se echó de menos en algún momento mayor masa sonora –Amen del ‘Credo’–. En algunos casos los ataques de alguna de las voces agudas fueron un tanto rudos, lo que desmerecía el conjunto, llegando al grito en la primera intervención solista –Et in terra pax hominibus–. La colocación del conjunto en el coro de la catedral, escorado, frente al órgano de la Epístola, y del público de espaldas a él, no facilitó la comprensión del texto, ya que la proyección del conjunto no era directa hacia el Altar Mayor. Sorprendió el color oscuro y la profundidad del sonido de Karine Audebert. Otro elemento que sobresalía en demasía del conjunto fue el timbre del soprano y director de las partes de canto llano, Charles Barbier. Rémora de los castrati que interpretaban las voces agudas.

Sin solución de continuidad el Choeur L’Echelle, conjunto residente de esta edición, interpretó la breve pero extremadamente dificultosa Quetzal ya en el Altar Mayor. La cual se podría denominar como metacanción, pues en ella Caroline Marçot yuxtapone con mucha habilidad un canto pastoril, una nana guadalupense, un canto marinero bretón y una serenata corsa, dando lugar a una rítmica muy compleja, a una textura exótica y a una endiablada afinación. Todo ello solventado con seguridad y virtuosismo por el conjunto francés. En la segunda y última obra del concierto pudimos apreciar la precisión y elegancia de la técnica de dirección de Charles Barbier. En alguna de las partes de gregoriano de la misa habíamos podido ver la plasticidad de su gesto. La dirección de Bruno Procopio se adivinó, más que se vio, dejando surgir el fraseo y conjuntando con precisión los momentos rítmicos, nada fáciles, de la misa.